Combinar ejercicio aeróbico y entrenamiento de fuerza es la estrategia más eficaz para proteger el cerebro, preservar la memoria y retrasar el deterioro cognitivo asociado al envejecimiento, de acuerdo con investigaciones realizadas por la Universidad de Helsinki, la Universidad Dankook, la Universidad de Jishou y el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos (NIH).
Un metaanálisis encabezado por la Universidad de Jishou, que revisó 35 ensayos clínicos aleatorizados con más de 5 mil 700 participantes, concluyó que los mayores beneficios para la función cognitiva se obtienen cuando el entrenamiento de fuerza se realiza antes del ejercicio aeróbico, en sesiones de entre 30 y 60 minutos durante programas de 13 a 26 semanas.
Los resultados mostraron mejoras en la memoria, la atención y la función ejecutiva, especialmente en adultos mayores y personas con factores de riesgo.
Los especialistas explican que el ejercicio aeróbico, como correr o andar en bicicleta, favorece la neurogénesis, es decir, la formación de nuevas neuronas en el hipocampo, una región del cerebro fundamental para el aprendizaje y la memoria.
Investigadores de la Universidad de Helsinki documentaron que la actividad física de intensidad moderada a alta incrementa los niveles del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una proteína esencial para el crecimiento, la supervivencia y la comunicación entre las neuronas.
Además del BDNF, el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos identificó que durante la actividad física también aumentan moléculas como el IGF-1 y la cathepsina B, las cuales atraviesan la barrera hematoencefálica y estimulan la plasticidad cerebral, favoreciendo el aprendizaje y la protección frente al envejecimiento.
Por otra parte, el entrenamiento de fuerza, como levantar pesas, contribuye a preservar la materia blanca y el volumen de regiones cerebrales relacionadas con la memoria y la atención, entre ellas el hipocampo y el precúneo.
La evidencia científica señala que este tipo de ejercicio puede ayudar a retrasar la progresión del deterioro cognitivo leve, así como reducir el riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.
Los investigadores destacan que ambos tipos de entrenamiento actúan mediante mecanismos distintos pero complementarios: mientras el ejercicio aeróbico impulsa la producción de factores de crecimiento y la generación de nuevas neuronas, el entrenamiento de fuerza fortalece la estructura cerebral y mantiene la conectividad entre las diferentes regiones del cerebro.
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Las conclusiones de las investigaciones coinciden en que incorporar de forma regular cardio y ejercicios de fuerza dentro de una misma rutina representa la estrategia más sólida para conservar la salud cerebral, mejorar el rendimiento cognitivo y proteger la memoria a largo plazo, especialmente conforme avanza la edad.
Con información de Infobae



