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miércoles, octubre 14, 2026

La increíble odisea de Laika, perrita “pionera” y enviada a morir al espacio

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Hace más de 60 años, un ser vivo dejó, por primera vez, el planeta Tierra rumbo al espacio: la perra Laika, lanzada en el satélite ruso Sputnik 2 el 3 de noviembre de 1957.

Esta pionera de cuatro patas no regresó. Se convirtió en la primera “víctima” de las aventuras espaciales, encabezando una lista que aumentaría a lo largo de los años con otros animales.

Entre 1948 y 1961, 48 perros, 15 monos y dos conejos abrieron el camino para los descubrimientos en el espacio.

Veintisiete de ellos murieron en accidentes debido a circunstancias imprevistas durante la travesía. Laika fue el único animal deliberadamente enviado para una muerte segura lejos de la Tierra.

Carrera espacial
El pleno auge de la Guerra Fría, el líder soviético, Nikita Kruschev, que asumió el mando de la Unión Soviética dos años después de la muerte de Joseph Stalin, se enroló en una carrera espacial contra Estados Unidos, una disputa de poder ampliamente expuestas en la propaganda de ambos países.

Los dos imperios intentaban ampliar sus esferas de influencia en el mundo. “Conquistar el espacio” sería una demostración de fuerza, tecnología y desarrollo.

Aunque, por un lado, Kruschev dispuso enormes sumas de recursos para la investigación espacial, la prisa impedía un trabajo sistemático y detallado. El primer satélite ruso desocupado entró en órbita el 4 de octubre de 1957.

Entusiasmado, el líder de la Unión Soviética exigió del ingeniero responsable del programa espacial Sergey Korolev algo “espectacular” para el 40 aniversario de la revolución comunista.

Entonces, Korolev propuso enviar un perro al espacio. Como, en ese entonces, no había la tecnología suficiente para garantizar el retorno del satélite, el animal sería enviado a una muerte segura.

El investigador Alexander Nikonov sugiere que Kruschev había aceptado porque nunca había tenido un cachorro.

Durante muchos años, el gobierno soviético divulgó la noticia de que Laika había muerto, sin dolor, después de una semana en órbita. Pero hoy en día se sabe que la perra murió seis horas después del lanzamiento, por una combinación de problemas respiratorios y una parada cardíaca tras el supercalentamiento de la cabina.

Las primeras evidencias de las circunstancias de la muerte fueron presentadas en el año 2002 en el World Space Congress, en Houston, Texas, por Dimitri Malashenkov, del Instituto para Problemas Biológicos de Moscú.

Perros espaciales
La selección de perros que pudieran ser enviados al espacio siguió algunos criterios. Primero, debido al tamaño del cohete, el animal podría pesar un máximo de 7 kg.

Los perros de raza y con pedigrí eran considerados demasiado mimados e incapaces de alcanzar buenos resultados en los cursos de “supervivencia en situaciones graves”. Por tanto, el “escuadrón de perros cosmonautas” fue reclutado, principalmente, en las calles. Laika, por ejemplo, vagaba por las calles de Moscú cuando fue reclutada.

Los especialistas preferían trabajar con hembras, a las que consideraban más disciplinadas, y los animales de pelo liso se veían como más adecuados para la instalación de sensores.

De los 10 candidatos preseleccionados para la prueba final -resistencia en la cámara de presión centrífuga-, tres sobresalieron: Albina, Laika y Mukhu.

Albina estaba embarazada y Mukhu fue rechazada por tener curvas poco fotogénicas en las patas. Así que Laika fue la elegida para morir en el espacio y entrar en la historia.

Cápsula del tamaño de una lavadora
El Sputnik 2 no fue técnicamente desarrollado para aterrizar. Era un cilindro de cerca de cuatro metros de altura y dos metros de diámetro.

Laika estaba en una cápsula del tamaño de una lavadora, con un dispositivo para la regeneración química del aire y un alimentador automático que abría, dos veces por día, la tapa de un recipiente con una mezcla de nutrientes gelatinosos.

A la perrita le implantaron un sensor en las costillas para medir su respiración y otro sensor para medir su pulso en la arteria carótida.

También activaron dispositivos para medir la temperatura, presión y realizar cardiogramas. En los últimos días, antes del lanzamiento, Laika era colocada en una cápsula todos los días, durante varias horas, para que se acostumbrara a la situación.

La muerte
Los sensores implantados en Laika mostraron que, durante el lanzamiento, el ritmo de las pulsaciones de la perrita aumentó mucho, situándose tres veces por encima del ritmo en estado de reposo.

Su pulso tardó tres veces más en volver a los niveles prelanzamiento de lo que había tardado en las pruebas previas, un indicador del alto grado de estrés sufrido por Laika en el trayecto al espacio.

Los sensores de temperatura mostraron que la humedad y la temperatura de la cápsula donde estaba la perrita aumentaron poco después del inicio de la misión. La temperatura llegó a pasar los 40 grados centígrados.

Seis horas después del despegue, los sensores registraron una parada cardíaca. Estaba claro que la perrita había muerto como consecuencia del supercalentamiento de la cabina y del estrés.

El satélite con el cuerpo de Laika dio 2.370 vueltas en órbita y ardió al entrar en la atmósfera el 14 de abril de 1958.

La información que llegó al público

El gobierno soviético ocultó información sobre la muerte de Laika. Durante una semana, los periódicos locales publicaron boletines informativos sobre la salud de la perrita que, en realidad, ya estaba muerta. La información divulgada daba pie a que la población pensara que Laika podría regresar.

Los medios internacionales admiraban el logro soviético y manifestaban su preocupación por el astronauta de cuatro patas.

Pero cuando la agencia de noticias soviética informó de que Laika fue sacrificada en órbita “por motivos de humanidad”, los aplausos se transformaron en protestas de los defensores de animales.

Centenares de cartas fueron enviadas a Moscú y a las Naciones Unidas denunciando la “crueldad” del programa espacial. Algunas dijeron que hubiera sido mejor mandar a Kruschev al espacio en lugar de a la perrita.

Los animales continuaron viajando al espacio
Pero el uso de animales en pruebas espaciales continuó, con la finalidad de garantizar el lanzamiento seguro de seres humanos. Mientras la Unión Soviética usó perros, y después conejos, Estados Unidos utilizó monos.

En la Unión Soviética, entre 1948 y 1961, 48 perros fueron lanzados al espacio y 20 de ellos murieron.

Al mismo tiempo, los estadounidenses enviaron 15 monos al espacio y ocho de ellos murieron.

Las primeras criaturas vivas que regresaron a la Tierra, usando paracaídas, fueron los perros Desik y Gypsy (de la Unión Soviética, el 22 de julio de 1951) y el chimpancé Yorik (Estados Unidos, 20 de septiembre de 1951). Desik murió una semana después de volver.

En 1966, cuando había dudas sobre la posibilidad de permanencia prolongada de seres humanos en el espacio, la Unión Soviética envió el satélite Kosmos-110, con los perros Vaterk y Ugolkom. Ambos regresaron vivos, aunque exhaustos, después de 23 días en órbita.

El envío de animales al espacio empezó a cesar con el lanzamiento de seres humanos. Yuri Gagarin, que permaneció una hora y media en el espacio en 1961, dijo una vez que fue, al mismo tiempo, la “primera persona y el último perro en el espacio”.

Información tomada de www.bbc.com

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