-Anuncio-
jueves, agosto 20, 2026

El contexto escribe el texto: la historia de un tratado que nunca fue solo de comercio

Sara Thomson Vázquez
Licenciatura en Periodismo. Maestría en Administración Pública. Doctorante de Administración Pública en el ISAP.

Relacionadas

- Advertisement -

En 1991, el presidente de México era Carlos Salinas y estaba en la cima. Su gobierno había logrado estabilizar la economía, las privatizaciones marchaban y México se preparaba para ser recibido en el primer mundo. El Tratado de Libre Comercio era su gran apuesta. La frase que resonaba en Washington era: “We want trade, not aid”. México tenía personalidad para no pedir limosna. Pedía un asiento en la mesa.

Salinas de Gortari fue invitado al Senado de Estados Unidos y recibido de pie. El respaldo republicano era total. George H.W. Bush, un político republicano con profundos vínculos con el poder empresarial especialmente de Texas —petróleo, defensa, carrera aeroespacial—.

Bush veía en el tratado una herramienta geopolítica. México era el socio estratégico para contener cualquier amenaza en la región y seguramente para otras cosas también.

Pero la política es impredecible. Bush perdió la elección contra Bill Clinton y el ambiente político se descompuso. El tratado, que ya estaba muy avanzado, comenzó a desdibujarse. Se firmó, sí, pero no sin antes mancharse de sangre y de crisis. El desplome económico de 1994 fue el recordatorio de que los acuerdos comerciales no son una póliza de seguro.

Clinton, a diferencia de muchos, entendió que México no podía derrumbarse, pero el Senado republicano no quería saber nada del préstamo; quedó claro con quién había sido el rompimiento del gobierno salinista. Clinton tuvo que decretarlo. Acción desconcertante en su tiempo para la mayoría, pero, en tiempos de crisis, la decisión correcta casi nunca es la popular.

La historia se repitió en 2018, aunque con un guion distinto. El PRI había regresado al poder con Enrique Peña Nieto. México vivía otra marea de reformas que abrían puertas a la globalización y cerraban las de las viejas codependencias. El tratado se tenía que renovar. Pero el clima político empezó a nublarse.

Barack Obama no simpatizaba con Peña Nieto. La figura presidencial se fue desgastando. La redacción del nuevo tratado tuvo grandes tropiezos. Hasta que llegó Donald Trump. Llegó al final de la fiesta, pero también llegó con un mensaje claro: el TLCAN no servía a los intereses de Estados Unidos. Peña Nieto, en un movimiento de alto riesgo, lo invitó a México durante su campaña. El evento fue de gran controversia. Pero Trump, visto en perspectiva, no llegó por casualidad, llegó como el candidato del mismo grupo de magnates que había respaldado a Salinas tres décadas antes. El poder detrás del poder no cambia de bando, solo cambia de rostro.

Hoy, el clima político en México está muy complicado. El gobierno en turno no es solo una antítesis del capitalismo globalizador que representa Estados Unidos. Su agenda ha incluido la neutralización de sectores clave: la minería tiene detenida la exploración y las nuevas concesiones; la agricultura ha perdido los apoyos al campo y las coberturas financieras para el precio; la ganadería eliminó filtros sanitarios y las plagas entraron al país, cerrando fronteras. Así que, literalmente, el nearshoring está desfasado de la demanda del contexto mundial.

Queda claro que, en cuanto a tratados, el contexto define el texto. Y el panorama actual es tan poco favorable que la decisión fue estratégica: mejor empujar el bote hacia adelante y abrir la posibilidad de tomar decisiones en otro escenario. El problema es que no hay garantías.

Al final, el tratado es un “contrato con el gobierno”, y como todo contrato, sujeta a quienes quedan dentro y quienes quedan fuera. Pero eso no cambia la bitácora de aciertos y errores de la actual presidenta, que no ha tenido la capacidad de regular el contexto, o que no ha podido controlar a quienes se lo están alborotando.

México ha firmado tres tratados en tres contextos distintos. En los tres, la política estadounidense fue el factor determinante. Los tres fueron posibles gracias a alianzas con sectores del poder económico. Y los tres reflejan la misma verdad: el comercio es importante, pero los intereses lo son más.

Lo que sigue es ver si esta controversia puede ser domesticada. O si, como en las veces anteriores, el texto terminará siendo escrito por quienes nunca estuvieron en la mesa.

Lo que sigue es ver cómo afecta esto en el proceso electoral, porque, aunque todo pudiera estar cantado, nunca se sabe en qué dirección soplará el viento.

Por lo menos, esperemos llegar a buen puerto.

Aviso

La opinión del autor(a) en esta columna no representa la postura, ideología, pensamiento ni valores de Proyecto Puente. Nuestros colaboradores son libres de escribir lo que deseen y está abierto el derecho de réplica a cualquier aclaración.

- Advertisement -

Opinión

Sheinbaum espera que detención de Fausto Corrales ayude a esclarecer presunto secuestro del ‘Mayo’ Zambada

Sheinbaum consideró relevante la detención de Fausto Corrales y espera que ayude a esclarecer el presunto secuestro y traslado del ‘Mayo’ Zambada a Estados Unidos.

Localizan sin vida a hombre en Hermosillo: lo encuentran con heridas en el brazo y un arma blanca

Un hombre fue encontrado sin vida entre matorrales en la colonia El Mariachi de Hermosillo. La AMIC investiga el caso.

Detienen a hombre por insultar a su esposa y causar destrozos en su casa en Hermosillo

Francisco Alfonso, de 44 años, fue detenido en la colonia Insurgentes tras ser señalado por insultar a su esposa y causar destrozos en su domicilio.

Sheinbaum presenta el nuevo ‘Olinia de carga’: soportará hasta 650 kg y saldrá a la venta en 2027; este será su precio

Sheinbaum presentó el Olinia Carga, vehículo eléctrico para mercancías que tendrá hasta 120 km de autonomía, cargará 659 kilos y costará alrededor de 150 mil pesos.
- Advertisement -