Con el mar como testigo y un atardecer hermoso pintando el cielo, Rebeca Mejía Cantúa, originaria de Monterrey, y Carlos Peñuelas Chávez, de Hermosillo, sellaron su historia de amor en uno de los escenarios más majestuosos de Sonora: el Cerro del Tetakawi.
Después de cuatro años y cuatro meses de noviazgo, Carlos, de 26 años, decidió subir el cerro junto a Rebeca, también de 26, sin que ella imaginara que en la cima la esperaba uno de los momentos más importantes de su vida. Eran las seis de la tarde del domingo 15 de febrero cuando, entre montañas, mar y un cielo encendido por el atardecer de San Carlos, él tomó su mano y le dedicó palabras que tocaron su corazón.
“Cuando me tomó la mano, me agradeció por esperarlo, por aguantar a pesar de la distancia. Yo empecé a llorar y a él también se le salieron las lágrimas por la adrenalina y la emoción. Después me entregó mi anillo. Nos dimos un beso y me abrazó”, recordó emocionada.

Rebeca, fisioterapeuta y apasionada del senderismo (hiking) confesó que aquella pedida fue un sueño que no sabía que tenía. Lo que más valoró fue que Carlos, quien no practica este deporte, subiera la montaña por amor. “Dios nos bendijo con un precioso atardecer con el mar. La montaña en Sonora es de los mejores lugares que he visto al atardecer. Fue un momento mágico, perfecto; superó todas mis expectativas”, expresó.
La pareja planea unir sus vidas en matrimonio, si Dios lo permite, en marzo de 2027 en Monterrey.
Se conocieron en la universidad
Su historia comenzó en la Universidad de Montemorelos, donde ambos estudiaban y compartían amistades en común. Él es médico y está estudiando la especialidad en oftalmología. Durante la pandemia, la distancia marcó el inicio de su relación: Carlos estaba en Hermosillo y Rebeca en Monterrey.

“Unas amigas me dijeron que él preguntaba mucho por mí, y a mí también me llamaba mucho la atención”, contó entre risas. Su primera cita fue en una cafetería. “Recuerdo que llegué tarde y una amiga estaba haciendo todo de cupido. Apenas lo vi, cruzamos miradas y dije: ‘ya valí’. De inmediato se dio la conexión y desde entonces ya llevamos cuatro años cuatro meses juntos”.
Profesionistas y amantes del deporte
Mientras Rebeca disfruta del contacto con la naturaleza a través del senderismo, Carlos es aficionado al fútbol y al gimnasio. Ambos comparten el gusto por el ejercicio y una vida activa.

Una sorpresa inolvidable
La emoción no terminó en la cima. Al bajar del cerro, la familia de Carlos los esperaba en un Airbnb decorado especialmente para la ocasión. Además, realizaron una videollamada con la familia de Rebeca en Monterrey, quienes celebraron con alegría la próxima unión.
Rebeca destacó el cariño que sus padres sienten por Carlos y la felicidad compartida por ambas familias ante la decisión de formar una familia.

Finalmente, la joven expresó su amor por Sonora: “Es muy bonito, tranquilo; se vive más lento. Es increíble cómo el desierto se mezcla con el mar”. Aunque Monterrey tiene muchas montañas, señaló que es más caótico. En cambio, en Sonora encontró paz… y el escenario perfecto para decir “sí acepto”.


