Cajeme, Sonora.- Entre el sonido constante de antiguas máquinas y el olor a cuero trabajado con dedicación, María del Socorro Peña Zúñiga, conocida con cariño como ‘Coco’, ha construido una historia de esfuerzo, dignidad y amor por su oficio como zapatera.
A sus 67 años, suma más de tres décadas trabajando en el tradicional Hospital de Calzado Hernández, un negocio de casi 100 años de historia en Ciudad Obregón, ubicado en la calle Veracruz, entre Galeana y No Reelección. Ahí, rodeada de maquinaria que data desde la década de 1940, no solo repara zapatos: preserva un legado.

UNA NIÑA ZAPATERA
Desde los cinco años aprendió el oficio bajo la enseñanza de su padrastro, don Jesús, quien junto a su madre Teresa le inculcó el valor del trabajo. “Si quieren dinero, aprendan a trabajar”, recuerda que les decía. Desde entonces, entre cierres, parches y hebillas, encontró su vocación.
“A mí me gusta esto, aunque la gente lo minimiza. No soy doctora ni licenciada, pero esto es una profesión y no cualquiera lo puede hacer, aunque me ensucie las manos”.
SACO ADELANTE A SUS DOS HIJAS
Gracias a este oficio, sacó adelante a sus dos hijas Gabriela Idania e Hilda María, quienes hoy son profesionistas: una licenciada en Ciencias de la Educación y otra en Derecho; además de que le dieron el regalo más hermoso que puede tener: sus cinco nietos.
Su trabajo no solo reparó calzado, también construyó futuros.
REPARÓ CALZADO DE VERSACE Y GUCCI
Entre sus anécdotas, recuerda haber trabajado piezas de marcas exclusivas como Versace y Gucci, con encargos que llegaban hasta las 40 piezas, muchas de ellas con un valor superior a los 10 mil pesos. También elaboró zapatillas para la élite de la ciudad y zapatos ortopédicos de alta calidad.
SU GENEROSIDAD LA LLEVÓ A SACARSE DOS CARROS EN RIFAS DIFERENTES
Pero más allá del lujo, su corazón siempre ha estado en ayudar. Cuando clientes dejan calzado pagado y no regresan, ella no lo vende: lo dona a quienes más lo necesitan, colaborando activamente con el Santuario de Guadalupe.
Su labor social, asegura, ha sido recompensada con bendiciones, incluso ganando en dos ocasiones rifas de automóviles organizadas con fines benéficos.
NUNCA ENFERMÓ DE COVID, PERO SOBREVIVIÓ
Durante la pandemia, nunca cerró su taller. Con fe, salió adelante sin enfermarse de covid-19, al igual que su familia, enfrentando incluso momentos difíciles como el trasplante de córnea de una de sus nietas.
Hoy, agradece cada día a Dios por la vida, por su familia y por el trabajo que nunca le ha faltado. Y si volviera a nacer, lo tiene claro: elegiría el mismo camino.
Porque para ‘la Coco’ ser zapatera no es solo un oficio… es una forma de vida.








