La fundadora de la marca BNatural, Ere Perez, y la directora de la empresa Tere Páez sostuvieron un diálogo que trascendió el ámbito del maquillaje. Más que hablar de tendencias o estética, la conversación se centró en la conciencia y la responsabilidad detrás de cada producto: cómo aquello que aplicamos sobre la piel también tiene un impacto directo en el medio ambiente.
“Mi cuerpo es mi primera casa y la Tierra es mi segunda”, fue una de las reflexiones que marcaron la charla, donde hablaron de longevidad, equilibrio y consumo responsable.
Ere Perez explicó que durante años ha existido el estereotipo de que el maquillaje orgánico “no pinta” o “no funciona”, pero aseguró que eso quedó atrás. La cosmética natural ha evolucionado y hoy puede ofrecer alto rendimiento sin comprometer la salud ni el medio ambiente.
“No hablo de belleza, porque cada rasgo es distinto. Juega con lo que eres”, expresó, dejando claro que su mensaje no es transformar, sino respetar la individualidad.
Su conexión con lo natural viene desde casa. Creció con un padre curandero, rodeada de remedios tradicionales y una visión integral del bienestar. Esa herencia la llevó a investigar ingredientes botánicos y a desarrollar fórmulas que priorizan la pureza.
Destacó que muchos de sus productos no contienen agua, lo que evita que se echen a perder rápidamente y reduce la necesidad de conservadores sintéticos.
Ere compartió cómo en Australia observó una cultura muy avanzada en reutilización y reducción de residuos, algo que influyó profundamente en su marca. También reflexionaron sobre la contaminación en ciudades como Monterrey, los climas extremos de Nueva York y cómo las condiciones ambientales —desde Sonora hasta otros continentes— afectan la piel.
Por su parte, Tere Páez habló de cómo desde BNatural se busca adaptar esta filosofía al contexto local, con empaques responsables y una selección cuidadosa de productos.
Se abordó también el cuidado de la piel de mujeres menopáusicas y la importancia de no caer en extremos. “No se trata de ser radicales, sino de encontrar un balance”, explicaron. La idea es avanzar poco a poco hacia una desintoxicación consciente del cuerpo.
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Compararon el consumo industrializado —como los cafés comerciales— frente a lo hecho a mano, lo que “tiene vida”. La palabra que definió la conversación fue “longevidad”: cuidar hoy el cuerpo y el planeta para poder vivir mejor mañana.


