Hermosillo, Sonora.- Los accidentes carreteros en los que han estado involucrados autobuses de la empresa Tufesa en los últimos 10 años en Sonora han dejado, en conjunto, 21 personas muertas y 111 lesionadas, de acuerdo con un recuento basado en información oficial y cobertura periodística.
Estas cifras han vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre la seguridad en el transporte público de pasajeros y las condiciones en las que operan las rutas de largo recorrido en carreteras del noroeste del país.

Accidentes en los últimos 10 años
El antecedente más antiguo se registró el 31 de mayo de 2016, cuando un autobús se estrelló contra la base de concreto del puente San Carlos, sobre la Carretera Internacional.
El choque, ocurrido de madrugada, dejó tres personas muertas y 17 lesionadas; de manera preliminar, se indicó que el conductor habría perdido el control de la unidad tras quedarse dormido.
Meses después, en noviembre de ese mismo año, otro percance en el tramo Hermosillo–Guaymas dejó cinco personas heridas.
En septiembre de 2017, un autobús que viajaba de Navojoa a Nogales impactó en dos ocasiones a un vehículo sedán en la carretera Guaymas–Empalme, provocando que la unidad particular cayera al mar.
La conductora fue rescatada por pescadores y presentó lesiones menores, mientras que el operador del autobús quedó a disposición de las autoridades.
Para noviembre de 2018, un choque frontal entre un tráiler y un autobús de pasajeros en la Carretera Internacional dejó dos personas fallecidas, los conductores de ambas unidades, además de 15 pasajeros lesionados, luego de que el camión invadiera el carril contrario al intentar rebasar.
En noviembre del 2020, ocurrió el volcamiento de una unidad de la línea, que dejó cuatro pasajeros lesionados, a la altura del kilómetro 157 de la carretera Ímuris–Cananea.
Después, en julio del 2021, un camión se salió del camino luego de que el conductor se quedara dormido, lo que dejó como saldo un hombre y una mujer lesionados, además de considerables daños materiales, en la carretera Magdalena de Kino–Nogales.
En noviembre de 2021, un choque múltiple en el tramo Hermosillo–Santa Ana, a la altura del retén Querobabi, involucró a un autobús, una camioneta particular y una unidad de carga, con saldo de seis personas lesionadas.
Posteriormente, en agosto de 2022, un accidente por alcance en la carretera México 15, en el entronque al Cochórit, dejó a una mujer gravemente lesionada; autoridades atribuyeron el hecho al exceso de velocidad y distracción del operador, quien fue detenido.
Para mayo del 2023, al menos diez personas resultaron lesionadas tras un accidente registrado en la carretera que conecta a Cananea con Ímuris, donde se vieron involucrados el camión de pasajeros, una camioneta tipo pickup y un automóvil sedán.
Durante 2024, un choque ocurrido de madrugada en la carretera San Luis Río Colorado–Sonoyta dejó cuatro personas sin vida y 17 lesionadas, tras la colisión entre un autobús y un vehículo particular.
En marzo de 2025, otro percance por alcance en Ciudad Obregón provocó únicamente daños materiales, sin personas lesionadas.
El 17 de octubre de 2025 se registró uno de los hechos más graves, cuando un autobús volcó en la carretera Hermosillo–Guaymas, con un saldo de siete personas fallecidas y 24 lesionadas, entre ellas menores de edad.
De manera preliminar, se informó que el conductor presuntamente se quedó dormido mientras conducía.
El caso más reciente ocurrió el 13 de febrero de 2026, cuando un choque entre un autobús de pasajeros y un tráiler en la carretera Caborca–Sonoyta dejó cinco personas muertas y nueve personas hospitalizadas.
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La empresa informó que el operador permanece bajo supervisión médica y que será la autoridad competente la que determine las causas mediante el peritaje correspondiente.

Opinan especialistas
Tras este último accidente, el abogado Enrique Nieblas, director del despacho Indemniza Legal y especialista en responsabilidad civil y patrimonial del Estado, consideró que la reiteración de percances obliga a revisar los protocolos internos de la empresa, aunque aclaró que no en todos los casos existe responsabilidad directa.
“No quiero decir que en todos los casos sea culpable Tufesa, pero cuando son tantas las casualidades, pues hay un común denominador, entonces algo anda mal. Podemos checar en Google o en YouTube y, por lo regular, son dos a uno los accidentes que pasan al menos aquí en Sonora y Sinaloa donde dos son de Tufesa y uno de alguna otra línea”.
El abogado señaló que, en su experiencia en litigios, se repiten patrones como accidentes en horarios nocturnos o de madrugada, tras jornadas prolongadas de conducción y a velocidades elevadas.
“No te permite un manejo a la defensiva, a esas velocidades. Si alguien más comete el error, ya no hay manera de maniobrar por la velocidad”.

Por su parte, el psicólogo vial Carlos Mirón advirtió que los accidentes de autobuses responden a una combinación de factores humanos, laborales y estructurales que no han sido atendidos de manera integral.
El especialista explicó que la sobreexposición a largas jornadas de manejo genera cansancio cognitivo y disminuye la percepción del riesgo.
“La presión constante, el estrés y la alta demanda cognitiva que implica conducir pueden detonar reacciones afectivas, como enojo o irritabilidad, que a su vez incrementan la probabilidad de incurrir en conductas de riesgo”.
“En el caso de muchos choferes, esta condición se vuelve recurrente y se manifiesta directamente durante la conducción”, indicó.
Mirón señaló que más que negligentes, estas conductas suelen ser imprudentes, si bien se debe evaluar cada caso, por lo que es necesario revisar el tiempo real que los conductores están al volante, ya que la duración de sus jornadas es un factor determinante en la seguridad vial.
“Muchas veces los choferes, por querer cumplir el itinerario, se ponen bajo una presión extra y sienten la necesidad de llegar en menos tiempo, y eso genera conductas erráticas al conducir”, señaló.
Finalmente, el psicólogo señaló que garantizar que los operadores del transporte de pasajeros cuenten con apoyo y evaluaciones adecuadas es una responsabilidad colectiva, especialmente por el riesgo que implica trasladar vidas humanas.


