Hermosillo, Sonora.- En tres décadas, Sonora ha sido escenario de tragedias que dejaron profundas huellas en su memoria colectiva.
Cuatro incendios —ocurridos en Cajeme, Hermosillo y San Luis Río Colorado— revelan patrones de negligencia, fallas estructurales y omisiones en materia de protección civil, seguridad y prevención de riesgos.
El primero de ellos ocurrió el 11 de agosto de 1997 en el supermercado VH de Plaza Tutuli, en Ciudad Obregón. Una chispa en el área de cocina provocó una explosión que derivó en un incendio que cobró la vida de 11 personas.
Entre los fallecidos estuvo Francisco Javier Armenta Cota, un joven abogado que logró rescatar a varias personas antes de morir días después por inhalación de humo.
El siniestro expuso la falta de protocolos de emergencia en establecimientos comerciales y es recordado como uno de los episodios más dolorosos en Cajeme.
Doce años después, el 5 de junio de 2009, Hermosillo vivió una de las peores tragedias en la historia reciente del país: el incendio de la Guardería ABC, donde 49 niños y niñas murieron y más de 100 personas resultaron heridas.
El fuego inició en una bodega de la Secretaría de Hacienda estatal contigua al inmueble y se propagó rápidamente por la falta de medidas básicas de seguridad.
Las investigaciones revelaron fallas estructurales, salidas bloqueadas y ausencia de sistemas de detección, en un modelo de subrogación del IMSS que permitió operar sin cumplir normas mínimas. Hasta hoy, las familias siguen exigiendo justicia y rendición de cuentas.
El 22 de julio de 2023, un ataque intencional provocó el incendio del bar Beer House en San Luis Río Colorado, donde 13 personas murieron y seis más resultaron heridas.
El fuego fue originado por un sujeto que, tras ser expulsado por comportamiento agresivo, arrojó gasolina en la entrada del local. Entre las víctimas hubo músicos y una madre con su hijo.
Este hecho reavivó el debate sobre la seguridad en establecimientos nocturnos y la necesidad de controles de emergencia más estrictos.

La tragedia más reciente ocurrió el 1 de noviembre de 2025, cuando una explosión e incendio en la tienda Waldo’s del centro de Hermosillo dejó 24 muertos —incluyendo menores de edad— y 12 heridos.
Las investigaciones apuntan a una falla eléctrica en un transformador interno como posible causa. La tienda operaba sin un programa vigente de protección civil, y las autoridades reconocieron omisiones en las verificaciones.
El siniestro provocó la destitución de funcionarios, revisiones estatales y un debate nacional sobre la responsabilidad compartida entre empresas, municipios y la Comisión Federal de Electricidad.
Estos cuatro incendios, separados por casi tres décadas, comparten un denominador común: la negligencia institucional y la falta de cumplimiento en medidas de seguridad.
Desde Plaza Tutuli hasta Waldo’s, las tragedias repiten el mismo patrón de omisión, improvisación y ausencia de supervisión efectiva, dejando a la población en un estado de vulnerabilidad recurrente frente al fuego.






