Vivimos en una cultura que privilegia lo visible, lo evidente y lo que interrumpe. Aquello que irrumpe en la cotidianidad es lo que logra captar la atención y, por tanto, movilizar respuestas.
El hecho de que existan aplicaciones para cualquier necesidad de los usuarios puede suponer una ventaja, pero trae consigo una serie de riesgos, como el acceso a datos personales y sensibles como los contactos, la geolocalización en tiempo real o la recopilación de la actividad en otras aplicaciones.