Hermosillo, Sonora.- En una vivienda de la colonia San Benito, en la ciudad de Hermosillo, se mantiene vigente un récord Guinness alcanzado por una maestra jubilada: la colección de tazas más grande del mundo.
Lo que comenzó como un detalle familiar en 1980 se transformó, con el paso de los años, en un referente internacional que puso a Hermosillo en el plano global gracias a la perseverancia de la señora Celia Porchas.

A cuatro años de su fallecimiento, su nieto Rodrigo Alberto Peña Porchas contó para Proyecto Puente que la primera taza que su nana recibió fue por parte de su hermana Lidia.
Eso dio inicio a una inercia donde amigos, exalumnos y familiares comenzaron a enviar piezas de manera constante, al grado de alcanzar un récord mundial.
“Doña Celia la puso en la cocina y de repente empezaron a llegar otras tazas, poquitas y fue entonces que decidió organizarlas y colocarlas en estructuras de tipo de rombo, se las ponía mi tío Roberto Peña Pochas.
Y que se fueron acrecentando a la cocina, de repente llegaron más, empezamos a llevarle más tazas, ella no se dedicó a comprar tazas, todas le llegaron de regalo de un hijo, de un nieto, de un pariente, de un amigo, de un alumno, porque a través de su vida como maestra, más de 30 años que dio clases en la escuela Ángel Arriola, pues ahí coleccionó también muchos corazones de sus alumnos, que posteriormente, la seguían buscando, le llevaban tazas”.

Para gestionar las miles de piezas, su nana Celia implementó un sistema de registro estricto. En la base de cada taza se anotaba el nombre del donante, la fecha de entrega y el número de secuencia que le correspondía dentro de la colección.
La infraestructura de la casa se adaptó al crecimiento de la colección, pues los estantes iniciales en forma de rombo en la cocina fueron insuficientes, lo que obligó a instalar sistemas de sujeción en paredes y techos, e incluso a construir habitaciones adicionales.
El proceso de certificación ante Guinness World Records se realizó en 2005, bajo la gestión de Rodrigo; se recopilaron reportajes periodísticos, traducciones oficiales avaladas por la Universidad de Sonora y una fe de hechos notarial, logrando oficializar una cifra de 5 mil 533 tazas.
“Nuevamente estuvo muy sonado, y eso amplificó aún más la llegada de las tazas, estamos hablando de 2005, 5 mil 533, y para el año 2022, que es cuando doña Celia fallece, dejando un gran legado, el 26 de enero de 2022, ya teníamos un poquito más de 17 mil, y todo eso se fue documentando a través de reportajes y visitas que le hacían los medios de comunicación a su casa, y hay entrevistas en las redes, entrevistas de ella, hay medios impresos y electrónicos en donde se va viendo cómo paulatinamente va creciendo, estamos hablando de 2005 a 2022, estamos hablando de 17 años, en donde todas las tazas fueron llegando de diferentes fuentes”.
A su hogar llegaban piezas, desde deportistas sonorenses y mexicanos, hasta figuras del mundo político y del entretenimiento, siendo uno de los momentos memorables cuando Cepillín la visitó, quien, tras compartir una amena charla y comer cocido, dejó su taza autografiada como un símbolo de su conexión con ella.
Actualmente, el proyecto de convertir el espacio en un museo público presenta dificultades logísticas debido a los requerimientos de donación de inmuebles.
Por ello, la familia ha enfocado sus esfuerzos en realizar una actualización formal del récord Guinness, un proceso que, aunque requiere nuevas inversiones en costos de registro y envío, se considera factible.

Roberto mencionó que tiene clara la ruta técnica para esta actualización, respaldada por la documentación existente. Más allá del registro numérico, sostienen que el valor de la colección reside en la disciplina de su nana Celia para gestionar sus metas y en la red de relaciones que construyó a lo largo de décadas.
“La verdadera satisfacción es haberlo logrado, haberlo hecho bien y sobre todo que eso transmita un cariño y venga un cariño de regreso, que es el legado de sumar, de ir por la vida sumando afectos, sumando relaciones humanas positivas, sumando corazones que al final del día se conectan con el tuyo, eso es un gran, gran, gran legado.
Sobre todo por su importancia de la familia, y que siempre los hijos hay que transmitirles un legado, un legado positivo y que más allá de coleccionar objetos o coleccionar cosas, lo más valioso es coleccionar afectos y relaciones humanas positivas”.















