Sonora se colocó en el octavo lugar nacional por casos de violencia escolar durante 2025, al registrar 54 incidentes que afectaron a estudiantes de educación básica y media superior, de acuerdo con datos del Registro de Lesiones de la Secretaría de Salud. Del total, cuatro casos correspondieron a agresiones sexuales, en un contexto marcado por recientes denuncias de acoso escolar en la entidad.
Durante una entrevista para Proyecto Puente, Juan Martín Pérez, coordinador de Tejiendo Redes Infancia, explicó que el bullying no debe entenderse como un problema aislado de las escuelas, sino como una manifestación de la violencia que niñas, niños y adolescentes experimentan en sus hogares y comunidades. “No son niños malos, no son niñas poseídas; son expresiones de reproducción de la violencia social que viven en las familias, en las escuelas y en las comunidades”, afirmó.
El especialista también advirtió que, además de la agresión física o verbal, actualmente existe un componente cada vez más frecuente: el ciberacoso. Recordó que encuestas nacionales mostraban que alrededor del 30% de los estudiantes había sufrido este tipo de violencia, la cual amplifica el daño debido a la difusión de contenido fuera del entorno escolar y prolonga la revictimización de quienes la padecen.
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Pérez señaló que, en muchos casos, las autoridades educativas omiten actuar de manera oportuna, pese a que la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó desde 2016 que garantizar la integridad de estudiantes dentro de los planteles es responsabilidad de las instituciones educativas. Añadió que existen protocolos y guías para atender estos casos, aunque con frecuencia no se aplican.
Como medidas preventivas, el coordinador de Tejiendo Redes Infancia consideró fundamental identificar señales de alerta, hablar abiertamente sobre la violencia y evitar normalizar las agresiones entre estudiantes. Indicó que ocho de cada diez casos de acoso escolar son cometidos por hombres, por lo que también llamó a trabajar en la prevención de conductas relacionadas con los estereotipos de masculinidad y el machismo desde edades tempranas.
Asimismo, destacó que es necesario romper la validación social del agresor, evitando reír, grabar o permanecer como espectador ante actos de violencia. También propuso ampliar el tiempo de convivencia en las escuelas antes y después de clases mediante espacios de juego libre, al considerar que esta estrategia favorece la regulación emocional y contribuye a reducir la violencia escolar. Finalmente, advirtió que, de no fortalecerse la prevención desde las familias, las escuelas y las autoridades, el problema podría agravarse en los próximos años.



