Aunque las competencias de fisicoculturismo muestran cuerpos con un nivel extremo de definición, Martha Tapia dejó claro que esa imagen no representa un estado saludable permanente. La atleta explicó que llegar a una competencia implica llevar al organismo a porcentajes muy bajos de grasa corporal, un proceso que requiere preparación física, mental y nutricional, y que no debe romantizarse.
Compartió que comenzó en este deporte por curiosidad, pero terminó encontrando una pasión que demanda disciplina y numerosos sacrificios. Desde rechazar reuniones sociales hasta seguir una alimentación estricta durante meses, aseguró que competir va mucho más allá de buscar un físico estético. Incluso explicó que el aspecto marcado que se observa sobre el escenario desaparece pocos días después de la competencia, pues responde a una preparación específica.
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Martha también habló sobre el impacto psicológico que puede generar este deporte, especialmente por la presión constante sobre la imagen corporal y el riesgo de desarrollar dismorfia o trastornos relacionados con la alimentación. Por ello, recomendó que quienes decidan competir lo hagan únicamente cuando cuenten con estabilidad emocional, económica y familiar, además del acompañamiento de profesionales.
Reconoció que el fisicoculturismo difícilmente es un negocio para la mayoría de quienes lo practican. Entre entrenamientos, alimentación, suplementos, viajes y preparación, la inversión suele ser mayor que los premios obtenidos. “Lo haces porque realmente te apasiona”, concluyó, invitando a ver este deporte como un hobby de alto compromiso y no como un camino fácil hacia el éxito.




