
Por Yolanda Butrón Morgan
El derecho a la ciudad no es solamente un concepto académico o una idea lejana reservada para urbanistas. Es algo que ejercemos, o dejamos de ejercer, todos los días en Hermosillo.
Se trata del derecho colectivo de las personas a habitar, utilizar, ocupar, transformar y disfrutar la ciudad de manera justa, inclusiva, segura y democrática. Implica entender que las calles, plazas y espacios públicos no existen únicamente para circular, consumir o producir riqueza, sino también para convivir, descansar, expresarse y construir comunidad.
En una ciudad como Hermosillo, donde gran parte del espacio urbano ha sido diseñado alrededor del automóvil y de la lógica comercial, hablar del derecho a la ciudad es recordar que el espacio público pertenece a todas y todos. El uso de las calles no debe reducirse únicamente al tránsito vehicular o a la actividad económica; también debe abrirse al encuentro humano, a la cultura y a la vida comunitaria.
Un ejemplo claro de esto se vivió el fin de semana pasado durante las Fiestas del Pitic. Lo que hoy conocemos como uno de los eventos culturales más importantes de la ciudad nació a principios de los años 2000, durante la administración municipal encabezada por Francisco Búrquez Valenzuela, retomando la idea de conmemorar la fundación de la Santísima Trinidad del Pitiquim. Aquellas primeras celebraciones tenían un objetivo sencillo pero poderoso: preservar y celebrar el legado histórico y cultural de Hermosillo.
Con el paso de los años, las Fiestas del Pitic se han convertido en algo más profundo que un festival artístico. Son, en muchos sentidos, una manifestación viva del derecho a la ciudad. Durante esos días, las calles del centro dejan de pertenecer exclusivamente a los automóviles y al comercio cotidiano para transformarse en espacios de convivencia, arte, música, encuentro y apropiación ciudadana.
Caminar por el centro histórico lleno de familias, ciclistas, peatones, artistas y jóvenes disfrutando el espacio público demuestra que otra forma de vivir la ciudad sí es posible. Una ciudad donde las calles no solo sirven para mover autos, sino también para generar cohesión social, identidad y felicidad colectiva.
El derecho a la ciudad nos invita precisamente a eso: a repensar Hermosillo como un espacio compartido, donde la movilidad, el urbanismo y el espacio público estén al servicio de las personas y no únicamente de la velocidad o del consumo.
Porque una ciudad más humana no se construye solo con infraestructura; también se construye recuperando nuestras calles para la vida comunitaria.
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La autora es activista, miembro del colectivo Bukis a la calle. Gestora del proyecto Hermosillo Visión Cero con apoyo de GIZ. Integrante de la Mesa de Movilidad de HCV.
Hermosillo ¿Cómo Vamos? es una organización democrática e incluyente, la opinión del autor(a) en esta colaboración no representa necesariamente la postura, ideología, pensamiento o valores de la organización desde donde promovemos el derecho a la libre expresión, la construcción de opiniones y la formación de pensamiento crítico.
Estamos abiertos al diálogo, la deliberación y la construcción de propuestas para la atención a los desafíos locales con el propósito de que Hermosillo sea un mejor lugar para vivir.


