Sonora tiene más personas trabajando, pero eso no significa necesariamente que las familias vivan mejor. La cantidad de empleos importa, pero la verdadera medida de un mercado laboral es otra: si esos puestos ofrecen ingresos suficientes, seguridad social y estabilidad.
Bajo esa mirada, los datos más recientes obligan a reconocer que el estado genera ocupación, aunque no siempre empleos de calidad. Durante el primer trimestre de 2026, Sonora registró un millón 405 mil personas ocupadas, alrededor de 17 mil más que un año antes. Es una noticia positiva, pero incompleta. En el mismo periodo, la población desocupada aumentó a 44 mil personas y la tasa de desempleo pasó de 2.6 a 3 por ciento. La contradicción aparece con mayor claridad cuando observamos cómo se está trabajando. La informalidad alcanzó a 600 mil sonorenses, 33 mil más que el año anterior. Esto significa que prácticamente 43 de cada 100 personas ocupadas laboran sin las condiciones que normalmente acompañan a un empleo formal, como seguridad social, prestaciones o una relación laboral reconocida. También aumentó la subocupación: 81 mil personas declararon necesitar y estar disponibles para trabajar más horas, 23 mil más que un año antes. Es decir, tienen una ocupación, pero no les proporciona suficiente trabajo o ingreso.
El indicador más preocupante es el de condiciones críticas de ocupación. En sólo un año pasó de 24.7 a 32.7 por ciento. Esta medición incluye a quienes trabajan menos horas de las que necesitan, a quienes reciben ingresos muy bajos o a quienes cumplen jornadas excesivas con remuneraciones insuficientes. En términos sencillos: casi uno de cada tres trabajadores sonorenses enfrenta una combinación desfavorable de tiempo e ingreso. Hay un contraste importante: aunque en Sonora aumentó el número total de personas ocupadas, disminuyeron en 43 mil quienes trabajan para un empleador y reciben un salario. Esto sugiere que los nuevos puestos no provienen principalmente de empleos asalariados, sino del trabajo por cuenta propia o de actividades sin remuneración. En otras palabras, hay más personas trabajando, pero menos con un empleo que les garantice un sueldo regular.
Para una familia, la diferencia es enorme. No basta con que alguien tenga algo que hacer; necesita un ingreso que alcance para la despensa, la renta, el transporte y cualquier emergencia. Necesita saber que una enfermedad no destruirá sus finanzas y que el empleo no desaparecerá de un día para otro.
Sonora necesita seguir creando puestos de trabajo, pero también debe proponerse que sean productivos, formales y bien remunerados. El éxito laboral no puede medirse solamente contando personas ocupadas. La pregunta verdaderamente importante es cuántas pueden construir una vida tranquila con el trabajo que realizan. Porque cuando tener empleo ya no garantiza seguridad económica, el problema no es la falta de esfuerzo de las familias, sino la calidad de las oportunidades que se están generando.
Moisés Gómez Reyna, economista y maestro en derecho constitucional.



