Hermosillo, Sonora.- La terapeuta, conferencista y autora Denise Ramos, ponente de Juntas al Café Empresarial —evento realizado por Amiga Date Cuenta—, abrió una conversación directa y sin filtros sobre la dependencia emocional en pareja, dejando claro desde el inicio que muchas relaciones no se sostienen por amor, sino por apego.
“El apego es una adicción, igual que cualquier sustancia”, afirmó, al explicar que hay vínculos donde las personas permanecen incluso cuando hay dolor, desgaste o señales claras de que no es un espacio sano.
Parte de esta realidad, señaló, viene de las ideas que aprendimos desde pequeños sobre el amor. Historias como La Bella y la Bestia han reforzado la creencia de que alguien llegará a rescatarnos o que el amor puede transformar a quien nos hace daño.
Bajo esta lógica, muchas mujeres crecen normalizando dinámicas que, en la vida real, terminan siendo destructivas.
A esto se suman las heridas de infancia. Experiencias como el abandono, la ausencia emocional o crecer en entornos con adicciones pueden marcar profundamente la forma en la que una persona se vincula en su vida adulta.
“Lo que dicen los padres, las comparaciones, los regaños… todo deja huella”, explicó.

La dependencia emocional, dijo, no siempre es evidente al inicio, pero se va manifestando en pequeños comportamientos: estar constantemente pendiente de la pareja, justificar lo injustificable, perder amistades, dejar de lado hobbies o incluso dejar de hablar con otras personas para evitar críticas. Poco a poco, la vida comienza a girar alrededor de una sola persona.
En ese proceso también aparece lo que llamó “pensamiento mágico”: cuando después de múltiples acciones negativas, un pequeño gesto positivo hace que todo lo anterior se minimice.
Así, se normalizan situaciones que van desde la infidelidad hasta el maltrato emocional, sostenidas por frases, creencias o incluso mensajes culturales que romantizan el sufrimiento.
“Si no sanas, lo repites”, advirtió, comparando este patrón con una adicción: hasta que no se reconoce, no se puede trabajar. Y mientras tanto, el aislamiento crece. Muchas personas dejan de contar lo que viven, pierden sus redes de apoyo y se quedan solas dentro de la relación, lo que hace aún más difícil salir.
Sin embargo, Denise también aclaró que el apego, en cierta medida, es natural. Los seres humanos somos dependientes desde que nacemos.
El problema surge cuando esa necesidad se concentra completamente en una pareja y se pierde el equilibrio. Pero tampoco el desapego total es sano; el punto está en construir vínculos desde la conciencia, no desde la carencia.
Uno de los momentos más contundentes de la conversación llegó con una pregunta directa:
“¿Qué prefieres? ¿Un dolor intenso pero temporal, o uno leve pero permanente?”.
Con esto, invitó a reflexionar sobre el costo emocional de permanecer en relaciones que lastiman de forma constante, aunque sea silenciosa.
La conclusión fue clara: muchas veces, lo que se siente como amor en realidad es apego. Y reconocerlo es el primer paso para romper el ciclo.
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