
La segunda fuerza política del país atraviesa una crisis profunda. Cuando Jorge Romero, líder nacional del PAN, anunció que el 21 de marzo su partido tomaría una de las decisiones más importantes de su historia, logró atraer la atención pública. Sin embargo, el impacto fue mayor en el “anuncio del anuncio” que en el contenido final.
Algunos consideraron que la principal fuerza opositora podría presentar una estrategia inédita tras el descalabro electoral de 2024, mientras otros esperaban definiciones más allá del rebranding del partido. La expectativa creció incluso entre otras fuerzas políticas, como el PRI, cuyo dirigente Alejandro Moreno adelantó movimientos rumbo a 2027 en medio de tensiones con el PAN.

En este contexto, el desgaste de la oposición es evidente. Factores como el extravío ideológico, la falta de autoridad moral, el discurso débil y la incapacidad de ofrecer un proyecto de país han consolidado a Morena como la fuerza dominante, incluso por encima de sus propios desafíos internos.
El planteamiento de Jorge Romero resultó ambiguo y poco original. Propuso abrir el PAN a la ciudadanía para competir por candidaturas en 2027 y elegir perfiles mediante criterios de conocimiento y competitividad, un método similar al uso de encuestas, estrategia adoptada por Morena desde su origen.
“Y si acabas siendo la o el más reconocido, el que más quiere la gente, entonces vas a ser nuestra candidata o nuestro candidato. Y si dios quiere, vas a ganar”, afirmó Romero.
Actualmente, el PAN enfrenta una reducción histórica en su presencia: cuenta con 70 diputados, 21 senadores y gobierna solo cuatro estados. Además, obtuvo 9.6 millones de votos en la última elección presidencial, cifra comparable a la de hace tres décadas, pese al crecimiento del padrón.
La crisis del PAN no es solo numérica, sino también ideológica, moral y doctrinaria. En el pasado, el partido construyó su legitimidad a través de la llamada “brega de eternidad“, concepto impulsado por Manuel Gómez Morin, que le permitió ganar autoridad moral incluso en la derrota.

El ascenso del PAN lo llevó de gobiernos municipales a estatales, hasta alcanzar la Presidencia con Vicente Fox en 2000. No obstante, su declive comenzó en ese periodo y se profundizó con el gobierno de Felipe Calderón, marcando la pérdida de rumbo político.
En los últimos años, el partido ha presentado candidaturas débiles como las de Josefina Vázquez Mota, Ricardo Anaya y Xóchitl Gálvez, con resultados decrecientes. Sus dirigencias también han sido señaladas por sustituir la doctrina por la propaganda y priorizar intereses internos.
Con Jorge Romero, el PAN retoma la idea de “ciudadanizar” al partido, aunque sin innovaciones claras. Su principal movimiento ha sido distanciarse del PRI, encabezado por Alito Moreno, lo que podría permitirle recuperar identidad política.
El resultado de esta estrategia se verá en 2027, cuando se ponga a prueba si el partido logra revertir su crisis. Mientras tanto, el rumbo hacia 2030 sigue abierto, incluso ante la posibilidad de que surjan perfiles ciudadanos que disputen el liderazgo interno.


