Hermosillo, Sonora.- En el marco del Día Internacional de la Mujer, la experta en valuación de daño moral Beatriz Portillo Ávila habló sobre una forma de violencia que muchas veces pasa desapercibida: el daño moral o psicoemocional, un tipo de agresión que puede presentarse a través de palabras, actitudes o conductas que afectan la dignidad y la estabilidad emocional de una persona.
Durante la conversación, explicó que uno de los mayores problemas es que este tipo de violencia se ha normalizado dentro de las relaciones, al punto de que muchas mujeres no logran identificar cuándo están siendo lastimadas.
Violencias que se vuelven parte del día a día
Beatriz Portillo señaló que muchas víctimas no detectan de inmediato la gravedad de lo que viven. Comentarios como “estás exagerando”, “no aguantas la carrilla” o “qué delicada eres” suelen minimizar las emociones de las personas y hacerlas dudar de lo que sienten.
Con el tiempo, estas conductas pueden integrarse a la dinámica cotidiana de la relación.
“La mayoría de las víctimas no sabe identificar cuánto las están dañando; es algo que van aprendiendo con el tiempo”, explicó.
Cuando la violencia comienza con pequeñas acciones
La especialista subrayó que la violencia rara vez inicia en su forma más extrema. Muchas veces comienza con comentarios o actitudes que parecen pequeñas, pero que con el tiempo se acumulan y generan afectaciones emocionales profundas.
Si estas acciones se normalizan, pueden escalar hacia formas más graves de violencia.
Por ello, destacó la importancia de reconocer a tiempo las señales que indican que una relación se está volviendo dañina.
Una realidad que afecta a millones de mujeres
Durante la plática también compartió un dato preocupante: el 70.1% de las mujeres ha sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida.
Sin embargo, muchas no denuncian a su agresor. Entre las razones más comunes se encuentra la dependencia económica, el miedo o la presión social.
Las consecuencias en la familia
El daño moral no solo afecta a la persona que lo vive directamente. También puede impactar a los hijos y al entorno familiar, ya que los menores crecen observando esas dinámicas y pueden reproducirlas en el futuro.
Por ello, identificar y detener estas conductas a tiempo es clave para prevenir ciclos de violencia.
Cuidar las palabras
Beatriz Portillo Ávila también reflexionó sobre el poder que tienen las palabras dentro de una relación. Las personas cercanas conocen las inseguridades del otro, lo que puede convertir ciertos comentarios en ataques profundamente dolorosos.
Por ello, invitó a reflexionar sobre la manera en que se habla dentro de las relaciones y a reconocer cuándo una conducta deja de ser una broma o una “carilla” para convertirse en violencia.


