El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este 27 de febrero de 2026 que su país podría considerar una “toma de control amistosa” de Cuba, en un contexto de tensiones extremas con La Habana por el bloqueo energético y la crisis económica que afronta la isla.
Desde la Casa Blanca, antes de partir hacia Texas para un mitin, Trump aseguró a la prensa que “el Gobierno cubano está hablando con nosotros” y describió a la isla como una nación con problemas profundos: “no tienen dinero, no tienen petróleo, no tienen comida… están en serios problemas y quieren nuestra ayuda”.
“Tal vez tengamos una toma de control amistosa de Cuba. Podríamos terminar con una toma de control amistosa después de muchos, muchos años”, dijo Trump, sin aclarar qué implicaría exactamente ese concepto.
Contexto de la escalada
La propuesta se enmarca en una crisis bilateral agravada por medidas económicas de Washington y acontecimientos recientes:
- Desde enero, tras un operativo militar en el que fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro, uno de los principales aliados de Cuba, la isla perdió acceso al petróleo que recibía de Venezuela, lo que ha empeorado su situación energética.
- El Gobierno estadounidense impuso un bloqueo energético y amenazas de sanciones a terceros países que suministren crudo, intensificando aún más la presión sobre La Habana.
- Apenas días antes del anuncio, un incidente naval entre fuerzas cubanas y una embarcación procedente de Florida derivó en la muerte de cuatro tripulantes y dejó a otros heridos, lo que complicó aún más las relaciones.
Dudas y críticas
Trump también destacó el papel del secretario de Estado, Marco Rubio, señalando que él “lo está gestionando” y que hay comunicaciones con autoridades cubanas. Sin embargo,
La Habana ha negado oficialmente que existan negociaciones formales con Washington.
Analistas y opositores han expresado inquietudes sobre la naturaleza de una “toma de control amistosa”, señalando que no está claro qué implicaría jurídicamente o políticamente una acción de ese tipo, ni cómo respetaría la soberanía cubana.
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Además, expertos recuerdan que cualquier modificación fundamental en la relación bilateral requeriría liderazgo legislativo y diplomático amplio y complejo.
Con información de EFE


