Ciudad Obregón, Sonora.- Hace 18 años, un trasplante de hueso en la columna cambió para siempre la vida de Ricardo Ornelas Medina. Tenía apenas 12 años cuando, tras una cirugía, quedó postrado en una silla de ruedas. Sin embargo, lo que pudo haber apagado sus sueños terminó por fortalecer su carácter y su fe.
Hoy, a sus 30 años, Ricardo se muestra sonriente, atento y agradecido. Casado con Biridiana y padre del pequeño Jeison, trabaja con dedicación en atención a clientes en una institución bancaria en la sucursal ubicada en Plaza Sendero, en Ciudad Obregón, donde su trato amable y empático deja huella en quienes lo conocen.

Mientras atiende con paciencia a cada persona que se acerca por algún trámite, recuerda aquella etapa difícil de su adolescencia: terapias constantes, cambio de escuela y un proceso de adaptación que no fue sencillo. Pero nunca estuvo solo. El respaldo de su familia y amigos fue clave para salir adelante.
“Hasta los 12 años tuve una vida normal, caminaba… pero fui al hospital y me hicieron una operación, un trasplante de hueso en mi columna, y quedé en silla de ruedas”, comparte con serenidad.
Orgullo y preparación profesional
Con disciplina y mucho esfuerzo, Ricardo logró graduarse como Licenciado en Contaduría Pública del Instituto Tecnológico de Sonora (ITSON). Trabajó en dos despachos contables y en una empresa privada, hasta que decidió buscar una oportunidad en el sector bancario. Presentó su currículum y fue seleccionado dentro de un programa de inclusión laboral.
Desde entonces, asegura sentirse pleno en su trabajo, que desempeña de 8:00 de la mañana a 5:00 de la tarde. Se dice agradecido con la institución, donde cada día aprende algo nuevo.
“Siempre hay que ponerse en el lugar de las personas, tener empatía. A veces llegan molestos por alguna situación, pero ahí empieza la comprensión y tratar de ayudarlos en lo que se pueda. De eso vivimos”, afirma convencido.
Su calidad humana no solo la perciben los clientes. También sus compañeros reconocen su actitud positiva. Norma Valenzuela, empleada de limpieza en la sucursal, comparte con cariño:
“Ricardo es un excelente compañero. Lo poco que tengo de tratarlo me ha demostrado que es una persona muy linda, muy respetuosa, y quisiera que la gente lo conociera”.
“Estoy muy enamorado”
Si algo ilumina el rostro de Ricardo es hablar de su esposa. Sus ojos brillan al mencionar a Biridiana, con quien comparte la dicha del matrimonio y la alegría de ser padres.
“Es muy bonita la vida del matrimonio. Sigo muy enamorado, todavía no se me ha pasado el enamoramiento”, dice entre risas.
Se conocieron por amigos en común. Comenzaron a salir, a conocerse, y descubrieron que podían construir una vida juntos. Hoy cuentan con el apoyo y orgullo de ambas familias, siempre bajo el respeto y el cariño mutuo.

Un hombre de fe
Ricardo encuentra en su fe una guía constante. Como miembro de los Testigos de Jehová, asegura que su espiritualidad ha sido fundamental para mantener una actitud positiva y propósito en su vida.
Junto a su esposa e hijo, cuenta también con el respaldo incondicional de sus padres, Andrés Ornelas y Ana Lourdes Medina, así como de su hermana Karen Ornelas, quienes forman parte esencial de su fortaleza diaria.

“Estamos muy cerca de Dios y cuidamos nuestra actitud y cómo nos comportamos ante los demás. Todas estas enseñanzas las aprendemos en la Biblia”, comparte.
Sueños que no tienen límites
Entre sus logros personales, Ricardo destaca haber podido comprar y manejar su propio vehículo, algo que en su momento parecía lejano. También disfruta viajar con su esposa, ir al cine y compartir momentos sencillos pero significativos.
Próximamente planean visitar Disneyland Park, un viaje que lo llena de ilusión. Pero hay un sueño que lo impulsa aún más: “cruzar el charco” y conocer otros países y culturas.
Un mensaje de esperanza
Ricardo sabe que muchas personas, ante una dificultad, pueden sentir que todo está perdido. Pero su historia demuestra lo contrario.
Le gusta recordar una frase que lo inspira de Walt Disney: “Si lo puedes soñar, lo puedes hacer”. Y con esa convicción anima a otros a esforzarse por sus metas, sin perder la fe ni la actitud positiva.


