Por Axel Rivera
A los seis años de edad, José Luis Ochoa comenzó a trabajar como bolero. Hoy, con 55 años cumplidos, suma 49 años dedicado al oficio, casi medio siglo puliendo zapatos en la vía pública, primero en su natal Cananea y desde hace 28 años en el Centro de Hermosillo.
Su lugar de trabajo ha sido siempre el mismo: la plaza ubicada frente al Mercado Municipal de Hermosillo, donde diariamente instala su espacio y atiende a comerciantes, clientes habituales y personas que pasan por el primer cuadro de la ciudad.

Cuando se le pregunta por su experiencia en el oficio, la resume con sencillez y sin dramatismo. En casi cinco décadas de trabajo asegura no haber tenido problemas relevantes ni situaciones complicadas. Tampoco presume anécdotas con funcionarios o figuras públicas; al contrario, señala que es raro que servidores públicos acudan a esa zona para bolear sus zapatos, pues la mayoría se concentra en otros puntos del centro.
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Hace apenas tres días, personal de Inspección y Vigilancia acudió al lugar para instalarle una nueva caseta como parte de la renovación de espacios para boleros. La entrega fue sorpresiva. No hubo aviso previo ni ceremonia formal: simplemente llegaron, colocaron la estructura y le entregaron además cojín, chaleco y gorra como parte del uniforme distintivo.

José Luis comenta que las casetas anteriores no habían sido renovadas en mucho tiempo, por lo que esta actualización representa un cambio visible en su área de trabajo. Con permiso vigente para operar en la zona y sin haberse movido de punto en casi tres décadas, forma parte de los trabajadores tradicionales que mantienen vivo este oficio en el Centro Histórico.
Su historia no está marcada por eventos extraordinarios, sino por algo más constante: levantarse cada día, instalar su cajón frente al mercado y ofrecer un servicio que ha resistido el paso del tiempo, los cambios urbanos y las nuevas dinámicas comerciales de la ciudad. Casi medio siglo después de haber comenzado, José Luis Ochoa sigue en el mismo oficio que aprendió cuando era apenas un niño.


