WASHINGTON- A tres días de que venciera el plazo federal, Arizona y otros seis estados del suroeste de Estados Unidos no lograron ponerse de acuerdo sobre cómo repartirse el agua del río Colorado. El reloj ya marcó la hora límite y ahora el gobierno federal tiene la puerta abierta para imponer su propio plan, en un momento especialmente delicado por la sequía prolongada que golpea a la región.
El viernes, Tom Buschatzke, director del Departamento de Recursos Hídricos de Arizona (ADWR) y negociador del estado, confirmó que no habría acuerdo antes del 14 de febrero. En un posicionamiento oficial, dejó claro que Arizona no piensa asumir más recortes sin garantías claras:
“Arizona mantiene su compromiso con el compromiso y la conciliación. Las negociaciones pueden estar en un lamentable punto muerto, pero no han llegado a su fin; al menos no si nuestros socios fluviales de la Cuenca Alta aceptan la realidad de que no se puede pedir a Arizona que sacrifique su seguridad hídrica sin recibir prácticamente nada a cambio”.
Tom Buschatzke, director del Departamento de Recursos Hídricos de Arizona (ADWR).
Detrás de estas declaraciones hay una realidad incómoda: las reglas actuales para distribuir el agua, vigentes desde 2007 y ajustadas con acuerdos posteriores, expiran a finales de 2026. Sin un nuevo marco consensuado, el Departamento del Interior puede intervenir. Y en enero ya dejó ver posibles escenarios que implican recortes profundos, especialmente para Arizona.
La presión no es menor. El sistema del río Colorado arrastra más de dos décadas de sequía y aridificación. Los niveles en el Lago Mead y el Lago Powell, los dos grandes pulmones del sistema, han estado en mínimos históricos. Aunque hubo alivios temporales por temporadas húmedas recientes, los datos del U.S. Bureau of Reclamation y de la NOAA coinciden en algo: el río ya no produce lo que producía hace 30 o 40 años. El sistema opera con un déficit estructural.
Impacto potencial para Sonora
Para Sonora, lo que ocurra en esta negociación no es un asunto lejano. México recibe 1.5 millones de acres-pie anuales del Colorado conforme al Tratado de Aguas de 1944, administrado por la CILA y la IBWC. En años de escasez, como los recientes, México también ha aceptado reducciones proporcionales bajo acuerdos binacionales como el Acta 323.
Eso significa que si Washington impone un esquema más severo para estabilizar los embalses, la presión política y técnica puede trasladarse al ámbito binacional. Y en Sonora, particularmente en San Luis Río Colorado, el vínculo con el sistema es directo. La seguridad hídrica de esa franja fronteriza depende de un río cada vez más presionado por el cambio climático.
Entregas en contexto de sequía
- Aunque el tratado establece ese volumen anual básico, las condiciones de sequía prolongada en el río Colorado han provocado reducciones en las asignaciones reales. Por ejemplo, autoridades del Bureau of Reclamation indicaron que en 2026 México enfrentaría cortes adicionales (del orden del 5 %) sobre su asignación del río Colorado debido a bajos niveles en los embalses principales, como Lake Mead y Powell, producto de años de déficit hídrico.
- En años con excedentes de agua, dicho volumen puede incrementarse hasta aproximadamente 2,096.9 Mm³, aunque ese mayor volumen no está garantizado y depende de las condiciones climáticas y la disponibilidad de agua en el sistema, de acuerdo con un reporte de la Comisión Internacional de Límites y Aguas entre México y Estados Unidos
Más allá del pulso político entre cuencas Alta y Baja en Estados Unidos, el fondo del problema es ecológico y estructural. El caudal promedio del Colorado ha disminuido cerca de 20% en lo que va del siglo, según estimaciones federales, en buena medida por el aumento de temperaturas. No se trata solo de repartir menos agua: se trata de aceptar que el río es distinto al que se diseñaron los acuerdos originales.
En los próximos días, el Departamento del Interior podría definir el rumbo. Lo que decida no solo afectará a millones de personas en el suroeste estadounidense, sino que también tendrá eco al otro lado de la frontera. Para Sonora, en un contexto de sequía recurrente, cada ajuste en el Colorado importa.


