Hermosillo, Sonora.- Con su extensa línea costera en el Mar de Cortés y la presencia de más de cien islas en el Golfo de California, Sonora enfrenta una problemática persistente que continúa afectando a la fauna marina: las redes de pesca fantasma que permanecen abandonadas en el fondo del mar.
Ángeles Yasmín Sánchez, gerente de Conservación de Vida, Biodiversidad y Ciencia Ciudadana del CEDO (Centro Intercultural de Estudios de Desiertos y Océanos), explicó que estas redes se forman a partir de artes de pesca que son abandonadas, extraviadas o desechadas de manera accidental en el mar, y que pueden permanecer activas durante años, atrapando y dañando a diversas especies marinas.

De acuerdo con la especialista, las causas por las que estas redes terminan en el fondo marino son diversas, entre ellas las malas condiciones climatológicas, choques con obstáculos naturales o conflictos con rutas de navegación, factores que provocan que las redes se desprendan y se conviertan en trampas invisibles.
“Las redes de pesca fantasma, que son estas redes que son causadas por artes de pesca abandonadas, perdidas o descartadas, son las que tienen este impacto con la vida marina”, detalló.
Aunque actualmente no se cuenta con cifras actualizadas sobre la cantidad exacta de especies afectadas, Sánchez Cruz señaló que existen registros elaborados por especialistas dedicados al desenmalle de animales, particularmente lobos marinos.

Añadió que desde 2017 y hasta 2019, el CEDO colaboró en campañas conjuntas para atender esta problemática, trabajo que posteriormente continuó de manera directa con los pescadores para reducir los impactos.
De acuerdo con el Manual para prevenir, mitigar y corregir los daños causados por las redes de pesca fantasma en México, el impacto de estas artes abandonadas no se limita únicamente a los lobos marinos.
El documento señala que también se han registrado mamíferos marinos de mayor tamaño, como ballenas, así como tortugas marinas, que quedan atrapadas o enredadas al interactuar con redes que continúan activas en el fondo o a la deriva.
Además, el manual advierte que estas redes afectan de manera directa a especies bentónicas y de importancia pesquera, como langosta, pulpo y diversos bivalvos, los cuales quedan atrapados en mallas perdidas, alterando no solo la biodiversidad marina, sino también los equilibrios ecológicos y las actividades productivas asociadas a estos recursos.

La relevancia del problema quedó evidenciada en 2023, cuando la Secretaría de Medio Ambiente y el Gobierno de México elaboraron un manual nacional enfocado en la prevención, mitigación y corrección de los daños ocasionados por las redes fantasma, tras detectarse organismos atrapados en distintas regiones del país.
En el caso de Sonora, el impacto es significativo debido a su ubicación estratégica dentro del Mar de Cortés y al hecho de que el Golfo de California alberga más de cien islas a lo largo de su litoral.
Zonas del Alto y Medio Golfo han sido identificadas como áreas donde con mayor frecuencia se localizan estos restos de artes de pesca.
Actualmente, diversas organizaciones participan activamente en la atención del problema. Entre ellas se encuentran CRRIFS, con sede en Guaymas, y CAVED, ubicado en la región de Nápaz, grupos que realizan labores de monitoreo y desenmalle en coordinación con pescadores y autoridades ambientales.

Sánchez Cruz destacó que la solución pasa por el trabajo conjunto con los propios pescadores, quienes conocen las corrientes, los puntos donde se pierden las redes y las dinámicas del mar.
A este esfuerzo se suma la colaboración con especialistas veterinarios y dependencias como Profepa, que han brindado acompañamiento en las acciones realizadas en Sonora.
“Trabajar con el mismo usuario de los pescadores, el tema de estas redes que se pierden o que se abandonan o que son dañadas por mal tiempo o por alguna otra razón que ya comenté”.
Finalmente, la representante del CEDO subrayó que no existe una sola zona crítica, ya que las corrientes marinas provocan que las redes se desplacen a lo largo de toda la costa.
Por ello, enfatizó la importancia de mantener una vigilancia constante y una estrategia integral para prevenir y reducir los daños que estas redes continúan causando en los ecosistemas marinos.


