Hermosillo, Sonora.- En la esquina, no de un ring, sino de las calles Garmendia y Plutarco Elías Calles, hay un puesto de paletas y aguas frescas que guarda más historias que el vestidor de una arena.

Se trata del negocio de Juan Sin Miedo II, un luchador semi-retirado de 56 años, originario de Toluca, quien alguna vez combinó la disciplina del ejército mexicano con la pasión por los encordados.
“Cuando yo tenía tiempo libre en el ejército, era cuando aprovechaba para luchar, si tenía ocho días, ocho días; un día tuve en una ocasión y ese día luché”, recuerda con una sonrisa.
Los promotores ya conocían su agenda militar y sabían cuándo podían contar con él arriba del ring.
Una lesión lo alejó de los gimnasios y lo trajo a Hermosillo, donde llegó de visita a casa de un tío y terminó quedándose para hacerse cargo de una peletería.
Desde entonces, el negocio lleva más de 30 años en pie, pero fue durante la pandemia que decidió darle un giro temático: convertirlo en una exposición del folclor luchístico; un santuario para los ídolos del combate construido con limonada.

“A veces, cuando tengo más en existencia, lleno el tendedero de máscaras, unas mías y otras de compañeros”, comentó.
Entre las repisas se exhiben máscaras de colores que alguna vez vieron acción en los encordados, junto a otras que pertenecieron a compañeros de profesión.
A plena vista destacan figuras de arcilla hechas a su semejanza, cada una vestida con los distintos trajes que usó en su carrera, como si fueran miniaturas que narran la historia de sus batallas arriba del ring.
Aunque sus hermanos aún siguen en activo, Juan Sin Miedo ya piensa en un retiro definitivo.
No lo ha hecho oficial, pero planea despedirse con una lucha de máscara contra máscara.
“Si gano, me la quito igual; y si pierdo, con más gusto me la quito porque ya voy a poder dar mi identidad a toda la gente”, aseguró.

Entre sus sueños pendientes quedó enfrentarse a leyendas como Mil Máscaras, Tinieblas, El Santo o Blue Demon, ídolos que alguna vez lo vieron luchar en arenas modestas y le compartieron consejos.
Para Juan Sin Miedo II, la lucha libre ha cambiado: Reconoce que ahora predomina el espectáculo aéreo de los jóvenes, mientras que en su tiempo reinaba el llaveo y el ras de lona.
“Un luchador de antes no puede competir con uno de ahora que hace tantas acrobacias, pero la esencia es la misma: subir al ring, meterte en el personaje y sentir la ovación del público”.
Ahora, entre paletas y aguas frescas, Juan Sin Miedo II espera su último combate, ese en el que mostrará al mundo quién está detrás de la máscara que lo acompañó por más de 40 años.
Lo que más anhela es tener frente a él a ese último rival digno, el contrincante que le dé la oportunidad de colgar su máscara en el centro del ring y despedirse, por fin, del pancracio que marcó su multifacética vida.


