
Hermosillo, Sonora.- Confiar en la palabra del responsable fue el peor error para Vanessa Suzette Orduño Rodríguez, una joven maestra de 23 años que, tras sobrevivir a un violento choque en Hermosillo el lunes 19 de mayo de 2025, terminó enfrentando sola las consecuencias físicas, económicas y emocionales, mientras el otro conductor jamás cumplió con lo prometido.

La afectada acababa de salir de su turno laboral en una farmacia y se dirigía a su hogar cuando, en el cruce de la avenida Alfonso Armenta y la calle Emeterio Ochoa, un Chevrolet Camaro ignoró un alto y se estrelló contra su vehículo.
El impacto desvió su carro y estuvo a punto de causar una tragedia mayor. El responsable terminó sobre la banqueta, derribando el cerco de una vivienda.
Vecinos acudieron al rescate y paramédicos atendieron a Vanessa, quien presentaba dolor en cuello y hombros. En un primer momento, el golpe parecía leve, pero las horas posteriores confirmaron lesiones importantes.
El responsable del accidente, que viajaba con bebidas alcohólicas y había salido de un funeral, se comprometió a cubrir los daños. Vanessa, movida por la empatía y la situación personal del conductor, creyó en su palabra.
Pensó que su disposición a resolver el problema era sincera y que podía confiar en que asumiría su responsabilidad. Sin embargo, esa confianza se volvió su peor enemigo.
“Me compadecí, en su momento me había puesto en sus zapatos, así que no, pobrecito, su pareja chocó. Luego su papá falleció”.
El diagnóstico médico confirmó un esguince cervical de primer grado, acompañado de contracturas musculares que afectaron de manera directa su movilidad.
Durante semanas, Vanessa sufrió dolores constantes en la espalda y el cuello, al grado de impedirle dormir y desempeñar sus actividades con normalidad.
Al reincorporarse a su nuevo trabajo como maestra de primaria, las molestias se intensificaron, pues el esfuerzo físico y el movimiento constante que exige estar frente a grupo agravaron sus padecimientos.
La joven necesitó reposo médico, pero al no haber acudido a la clínica inmediatamente después del choque, el Seguro Social le negó parte del pago de la incapacidad, sumando otra injusticia a su situación.
Lo que parecía un problema solucionable se convirtió en burla. El carro de Vanessa fue declarado pérdida total, pero en lugar de una reparación digna, lo que recibió como supuesto reemplazo fue un automóvil en condiciones deplorables: piezas mal colocadas, pintura descuidada y una batería amarrada con una simple cuerda.
Lejos de ayudarle a recuperar su movilidad, ese vehículo representaba un riesgo mayor para su seguridad. Vanessa quedó sin patrimonio y sin un medio confiable para transportarse.
Sin automóvil, la joven se vio obligada a trasladarse en servicios privados todos los días, con un gasto que superaba sus ingresos como trabajadora. El accidente no solo afectó su salud y su patrimonio, sino que también golpeó su estabilidad económica y emocional.

Con el paso de los meses, Vanessa reconoció que su empatía hacia el conductor fue contraproducente.
Confiar en alguien que, además de haber bebido alcohol, conducía a exceso de velocidad y sin respetar un alto, solo la dejó con las secuelas de la irresponsabilidad ajena.
En su análisis, insistió en que la pérdida de un familiar nunca puede justificar ponerse al volante en estado inconveniente.
Señaló que, de haber circulado a mayor velocidad, el accidente pudo haber terminado en tragedia.
También cuestionó cómo un padre o madre de familia puede arriesgar la vida sabiendo que hay hijos que dependen de él o ella.
Para Vanessa, la lección fue dolorosa: un instante de empatía le costó meses de sufrimiento físico, pérdidas materiales y un futuro marcado por la injusticia de un conductor que jamás se hizo responsable, a pesar de haber prometido hacerlo.
“Creo que ya estamos todos muy grandecitos como para entender que no hay que tomar cuando vas a manejar con más personas en el carro, poniéndote en riesgo a ti, como madre de familia, y en riesgo a tus amigos. No lo puedo entender. Y todavía que te espera tu pareja, te espera tu familia, o sea, ¿con qué irresponsabilidad vas y tomas el carro cuando estás alcoholizado?”.


