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viernes, enero 16, 2026

Cuando las cosas suceden

Eloísa Flores García
Postgrado en Sexualidad Humana. Especialidad en Terapia Gestalt y Terapia Cognitiva Conductual. Master en Programación Neurolinguística y Lenguaje Hipnótico. Especialidad en Patrones Avanzados de Lenguaje.

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“Vivimos en un universo justo, creado por un Dios justo y bondadoso que trata a todos sus hijos por igual”

En la semana me encontré con esta afirmación, mi diálogo inmediato fue ¿así lo vemos todos los seres humanos?.

Estamos todos de acuerdo que vivimos en un mundo y en un universo justo y bondadoso para todos.

Vamos viendo…

De entrada vemos muchas diferencias en las condiciones de vida de las personas.

Si enfocamos nuestro lente a lo material es clara y ampliamente palpable estas diferencias.

Pero, si nos detenemos, observamos y analizamos la parte energética, lo que proyectamos, nos encontramos con muchas, muchísimas mas diferencias.

Curiosamente podríamos decir: es que este tiene mejor carro, este tiene mejor casa, este tiene mas propiedades, etc, etc, todo visto desde lo material.

Fíjense que es mucho mas fuerte y con mayor impacto al observar lo que proyecta cada ser humano.

Porque participan las emociones, nuestros pensamientos y se despliega una serie de creencias y actitudes que muchas veces nos llevan a hacer o a impedir que se manifiesten todas esas cosas que el universo tiene para cada uno de nosotros.

Porque una cosa si es segura y es que hay para todos.

Ahora bien, esta afirmación trae un doble efecto, ya que si no reconocemos lo que tenemos (sea mucho o poco) y creemos que el universo es justo, hay una devaluación subjetiva instantánea en la persona.

Ya que, generalmente de manera inconsciente tenemos un diálogo en el cual podemos estarnos diciendo “es lo que me merezco” “porque no valgo nada” “porque no soy nada” “porque siempre me pasa lo malo” “porque Dios se ha empeñado en hacerme sufrir” y así puede cada uno en función del registro de experiencias y vivencias tener un interminable dialogo de cosas negativas hacia si mismo.

Lo mas delicado de esto es que el efecto negativo se da, aun cuando no seas consciente de tu diálogo interno ni de que lo estas pensando, el cerebro no discrimina el nivel ni la dimensión de nuestro diálogo y lo toma como una orden y actúa en consecuencia.

Así que lo primero es reconocer que todos somos hijos de Dios o no es ninguno.

En seguida afirmar que vivimos en un universo de abundancia, “que hay montones de cosas buenas para todos y que las mías están por llegar”

Y, finalmente,  “aplícate y haz que suceda”.

Aviso

La opinión del autor(a) en esta columna no representa la postura, ideología, pensamiento ni valores de Proyecto Puente. Nuestros colaboradores son libres de escribir lo que deseen y está abierto el derecho de réplica a cualquier aclaración.

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