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martes, septiembre 21, 2021

Discursos y crisis

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Columna Desde la Polis
Una de las características más reconocibles de los cánones priístas (después emulada por todos los partidos) es utilizar el concepto de unidad. Tras la Revolución Mexicana, el objetivo fue construir un México estable y sobre todo cohesionado; era una meta común, comprendida y compartida prácticamente por todos quienes sobrevivieron (triunfaron en) la guerra civil. En ese momento, la unidad política fue real: los sectores obreros, los liderazgos políticos, militares, culturales y sociales se agruparon, garantizando que la fuerza priísta se tornara hegemónica. Eran momentos extraordinarios, pues existía la esperanza de formar parte de la refundación de un país y la creación de instituciones. Eso invitó y sumó a multitudes, forjando una fuerza que sobrevivió décadas… hasta que, al igual que el agua estancada, terminó por podrirse.
En la actualidad, el llamado a la unidad terminó significando que los grillos no incurran en pugnas fraticidas y que acepten que ha habido otro grupo/persona beneficiado con la candidatura y/o con el cargo público. Es más que nada un mensaje de políticos para políticos. Si no te tocó en esta ocasión, hay que apechugar, que ya vendrá la tuya: “unidos logramos más.”
Lo fascinante de estos extraordinarios tiempos que atravesamos es que representan una oportunidad -entre tantas- para analizar y evaluar de cerca la hechura y condiciones de quienes nos representan desde el gobierno. En repetidas ocasiones aquí lo he escrito: es durante las crisis cuando sabremos de qué estamos hechos y es cuando nuestros liderazgos verdaderamente se legitimarán… o no. Esta semana, la Gobernadora Pavlovich habló de la necesidad de generar un pacto para que Sonora no se hunda (más) en medio de esta tormenta. El gobierno estatal mandó publicar en diferentes diarios -locales y nacionales- una nota que decía lo mismo: se han convocado a múltiples liderazgos para que en este pacto, con unidad, todos se sumen sin distingo de trinchera. Quise averiguar en qué consistió el pacto (respetando el correcto uso del lenguaje) pero no hay información al respecto. Hablé con uno de los exgobernadores y dijo que en efecto, no se trata de un pacto per sé, sino de un “llamado a la unidad”, una convocatoria a sumar esfuerzos. Me parece políticamente correcto que la Gobernadora lance esta convocatoria, y sin duda esta invitación es de esas cosas con las cuales nadie puede estar en desacuerdo. Sin embargo, si queremos ser precisos y aspiramos a enfrentar (en serio) estos titánicos problemas, entonces hay que acompañar a los discursos con las estrategias y la tácticas; hay que pedir que los liderazgos se sumen, pero invariablemente también hay que indicar qué se puede y qué se debe hacer. Hoy hay incertidumbre, hay miedo, hay desesperanza y desesperación. Es en momentos como estos cuando el pueblo voltea a ver a quienes en teoría deberían ser ejemplos: nuestros líderes. Espero que el próximo discurso incluya los cómos, los con qué y los con quiénes. Les aseguro que hay gente que sabrá orientarlos al respecto.
Interesante contrastar el llamado de unidad de la Gobernadora frente a la constante actitud beligerante del Presidente. La acción local es simbólica, pues es una pista del grado de comprensión ante el tamaño de las adversidades. Es cierto, el gobierno estatal ya va de salida, no cumplió con el compromiso de justicia ni de seguridad y puede adoptar una postura más conciliatoria (frente a la posible alternancia del 2021). Por otro lado, habiendo llegado con tanto poder, con tanto a su favor, yo esperaría que en medio de las balas, los hospitales sin cupo, las bancarrotas y la desesperación nacional, el Presidente mostrara una mira más alta, que lo diferenciara de las mezquindades de sus adversarios conservadores y lograra configurar una dirección que en lugar de separar y de agredir, uniera y regenerara. Todos los presidentes tienen una muralla de achichincles aduladores y este no es la excepción. La diferencia entre los mandatarios que van de paso y los históricos es su capacidad para ver más allá de ella.
Por último, entre discursos y crisis, López Obrador presentó ayer su decálogo para hacerle frente al virus y la nueva realidad. Pide que la gente sea honesta, que coma verduras, haga ejercicio y que escuche a López Gatell. Recomienda no ser materialistas, envidiosos ni frívolos. Aconseja comer buen maíz y frijol y ser más fraternos y solidarios como mexicanos. Sobre todo, en su último punto, sintetiza mi columna de hace una semana: debemos encontrar un propósito en nuestra vida. No hay persona que pueda rechazar estas tan positivas recomendaciones. Yo esperaría -igual que con el “pacto” local- que las bonitas recomendaciones vinieran acompañadas de otra sustancia… y esa no he llegado en los últimos tres meses.
Comedia que no da risa
Si mal no recuerdo, la UNISON tiene un bufete jurídico gratuito integrado por alumnos que aspiran a ser abogados. Respetuosamente recomiendo a la Alcaldesa y al resto del Cabildo, que acudan con estos chicos para que les expliquen la constitucionalidad de querer pedir un salvoconducto a los hermosillenses para que puedan transitar por la calle.

Aviso

La opinión del autor(a) en esta columna no representa la postura, ideología, pensamiento ni valores de Proyecto Puente. Nuestros colaboradores son libres de escribir lo que deseen y está abierto el derecho de réplica a cualquier aclaración.

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