Julio Ávila nos contó que, aunque comenzó estudiando Ingeniería en Sistemas, poco a poco la música fue ocupando todo su espacio. Mientras trabajaba en una abarrotes y estudiaba, no dejaba de pensar en canciones: podía estar acomodando mercancía y, si se le ocurría una letra, dejaba lo que estaba haciendo para escribirla antes de olvidarla. Hasta que entendió que aquello que realmente quería hacer era música y decidió seguir ese camino. Para él, el amor y el desamor se convirtieron en una manera de canalizar lo que sentía y transformar sus propias experiencias en historias con las que otras personas pudieran identificarse.
También habló de La Academia y de la idea que muchas personas tienen de que en los reality shows todo está planeado. Julio confesó que prácticamente nunca había seguido el programa; si lo conocía era porque alguna vez lo veía su hermana. Por eso, entrar al proyecto fue una experiencia completamente distinta a lo que imaginaba, desde los filtros hasta descubrir cómo se vive realmente dentro de un programa donde constantemente estás frente a las cámaras.
Y si algo dejó claro durante la entrevista es que podrá irse de Hermosillo, pero Hermosillo no se va de él. Recordó esa sensación que muchos sonorenses conocen: preguntarse de jóvenes por qué nacimos en un lugar con tanto calor y un paisaje tan distinto al que vemos en las películas, hasta que con el tiempo aprendemos a reconocer la belleza del desierto y el orgullo de nuestras raíces. Para Julio, Sonora es parte fundamental de su identidad personal y artística, y aunque la Ciudad de México le ha dado grandes experiencias, siempre encuentra en su tierra una conexión especial.
Para cerrar, Julio nos compartió la historia detrás de una de sus canciones y nos explicó cómo convierte sus sentimientos y experiencias en música. Después, tomó el micrófono y nos regaló una interpretación en vivo, dejando que fueran sus propias letras las que contaran el resto de la historia.




