Hermosillo, Sonora.- La Dra. Samantha Nájera compartió su experiencia en España, donde atendió a mujeres víctimas de violencia que llegaban con graves lesiones en el rostro, desde dientes perdidos hasta fracturas de mandíbula que requerían procesos de reconstrucción.
Uno de los casos que más la marcó fue el de una mujer migrante que no hablaba español y cuya hija tuvo que convertirse en su traductora.
La niña debía repetir constantemente frente a psicólogos, voluntarios y especialistas todo lo que su madre había vivido para poder ayudarla a recibir atención.
Para Samantha, reconstruir el rostro de estas mujeres significaba también ayudarlas a recuperar seguridad y confianza después de historias de miedo.
Pero esos entornos difíciles también alcanzaban a los niños. Samantha explicó que durante su trabajo encontró casos de menores que necesitaban atención y que muchas veces los problemas no eran evidentes para sus familias.
A partir de ahí habló de la importancia de observar desde temprana edad la respiración, la boca, la mandíbula y la forma del rostro, pues algunas alteraciones pueden relacionarse con problemas de sueño, desarrollo y hasta rendimiento escolar.
Por ello, Samantha hizo un llamado especialmente a las madres y padres a no ignorar las señales de sus hijos y a buscar atención con especialistas capacitados.
Respirar constantemente por la boca, roncar, presentar problemas de sueño o determinados cambios en el desarrollo facial pueden ser señales que vale la pena revisar, aunque no significan por sí mismas un diagnóstico.
Su mensaje fue claro: la información es poder, hay que acudir a fuentes científicas y profesionales preparados, y si algo no parece estar bien, continuar buscando respuestas. Y frente a la violencia, también recordó que ninguna mujer está sola: hay especialistas e instituciones que pueden acompañarla.




