Los vehículos abandonados en las calles de Hermosillo no solo afectan la imagen urbana, sino que también representan riesgos ambientales, sanitarios y de seguridad, advirtió Héctor Pérez Montesinos, coordinador del Programa Institucional de Sustentabilidad de la Universidad de Sonora.
En entrevista con Luis Alberto Medina, el académico hizo la advertencia mientras el Ayuntamiento mantiene una estrategia para retirar unidades en desuso de la vía pública. De acuerdo con datos dados a conocer recientemente, existen más de 6 mil vehículos reportados en condición de abandono y al menos 544 ya se encuentran en proceso de notificación, multa o retiro.
Pérez Montesinos explicó que uno de los principales impactos es la degradación del entorno urbano, aunque los efectos van mucho más allá de lo visual.
“Tenemos también un posible riesgo de incendio. Obviamente se vuelve un pasivo ambiental; son focos de infección y pueden propiciar vectores de enfermedades como mosquitos, ratas y otros animales”, señaló.
El especialista indicó que el deterioro progresivo de las unidades puede provocar corrosión de metales y derrames de aceites, lubricantes y otros fluidos que terminan contaminando el suelo.
“Se puede empezar a llevar una corrosión, una degradación de los metales y derrame de los fluidos que tienen estas unidades, que pueden llegar a impactar al suelo e incluso infiltrarse con las lluvias”, explicó.
Además del problema ambiental, el académico destacó que estos vehículos contienen materiales con valor económico que podrían reincorporarse a cadenas de reciclaje y aprovechamiento.
Según detalló, un automóvil sedán promedio puede pesar entre una y una tonelada y media, y su valor como chatarra ronda entre los 3 y 4.5 pesos por kilogramo, lo que representa una recuperación económica potencial de entre 3 mil 600 y 5 mil 400 pesos por unidad, sin considerar piezas con mayor valor comercial como aluminio, fierro fundido o catalizadores.
Ante esta situación, propuso explorar mecanismos que incentiven la entrega voluntaria de vehículos abandonados, permitiendo a los propietarios retirarlos sin enfrentar costos elevados por traslado o almacenamiento.
“Yo propondría que se explore la posibilidad de una campaña de entrega voluntaria para que el ciudadano pueda decir: ‘retírenmelo’, y buscar estrategias que ayuden a acelerar el retiro de vehículos de la vía pública”, comentó.
El especialista también señaló que trasladar las unidades a corralones no siempre resuelve por completo el problema ambiental, ya que muchos vehículos permanecen durante años en esos espacios mientras continúan su proceso de deterioro.
Finalmente, hizo un llamado a los propietarios para actuar antes de que las autoridades intervengan.
“Definitivamente que retiren sus vehículos, que se acerquen al Ayuntamiento y busquen alternativas para resolver la situación antes de enfrentar multas o gastos mayores”, recomendó.
Las autoridades municipales han reiterado que el objetivo es retirar las unidades abandonadas para recuperar espacios públicos, mejorar la imagen urbana y reducir riesgos para la salud y el medio ambiente en la capital sonorense.



