La fachada del Museo de Culturas Populares e Indígenas de Sonora en Hermosillo, un inmueble histórico conocido como la antigua Casa Hoeffer, y que fue construido en 1904, presenta actualmente un visible deterioro.
Esta edificación, que en su momento fue la residencia familiar del Dr. Alberto Hoeffer, uno de los fundadores de la Cervecería de Sonora, muestra significativos signos de abandono a pesar de ser la sede de la mencionada institución dedicada a preservar y difundir la riqueza de las etnias regionales.

Y es que la arquitectura con influencia francesa construida durante la época del Porfiriato presenta grietas y pedazos de loza faltantes en paredes, ventanas y molduras montadas en la parte superior e inferior de la estructura.
Ignacio Lagarda Lagarda, historiador y cronista de Hermosillo, informó que este edificio es parte fundamental de la memoria de la ciudad, pues se remonta a antes de la Revolución Mexicana, cuando George Gruning, socio del Dr. Hoeffer, la mandó a construir, para posteriormente pasar a manos de los Hoeffer.

“Los elementos de estilos neoclásicos fueron plasmados en la fachada e interiores, así en su vista, se identificaban arquitrabe, moldura dentada, cornisa balastrada, y ornamentos propios de su estilo, así como columnas y arcos del zaguán y pasillos de las plantas baja y alta. Algunos materiales empleados en su construcción fueron importados, el mosaico de la planta baja provino de España, la madera de la librería procedió de Canadá y los plafones metálicos del interior de las habitaciones de Alemania. La casa contaba con cinco habitaciones en la planta baja y la misma cantidad en la planta alta. En la baja se encontraba además el zaguán, el pasillo de entrada, una sala, una cocina separada del edificio y un gran patio”, detalló Ignacio Lagarda.

La residencia fue disfrutada por muchos hermosillenses, ya que la familia acostumbraba a realizar fiestas y otros eventos sociales. Fue visitada por personalidades internacionales como John Wayne, Frank Sinatra y otras estrellas de Hollywood a mediados del siglo XX.

Posteriormente, la casona pasó a ser propiedad del Gobierno del Estado de Sonora. En 1983, fue utilizada como oficina de la Unidad Regional Sonora de la Dirección General de Culturas Populares.

Para 1990, el edificio se encontraba abandonado y en deplorable estado material. Pero el 15 de octubre de 1997, una vez restaurado por un despacho privado con asesoría e intervención técnica del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el gobierno estatal, la casona reabrió sus instalaciones como el Museo de Culturas Populares Indígenas de Sonora.
Actualmente, el inmueble cuenta con espacios permanentes y temporales que muestran la vestimenta, tipos de vivienda tradicionales y las formas de vida de los pueblos originarios como los yaquis, seris y mayos.

Sus paredes albergan coloridos e icónicos murales y regularmente se organizan presentaciones de libros, charlas históricas, talleres de artesanías tradicionales y eventos comunitarios abiertos al público.
Lagarda lamentó que, pese a la importancia histórica de este recinto, actualmente su fachada no se encuentra en óptimas condiciones, por lo que hizo un llamado al Gobierno del Estado para que destine recursos para el debido mantenimiento.

“Es un edificio muy valioso culturalmente, arquitectónicamente para Sonora. Conocido lo que acabo de decir, por lo tanto es necesario que el Gobierno del Estado, que es el propietario, pues no permita que ese edificio se le desmorone en las manos, tan valioso para la historia de Hermosillo y de Sonora, y yo pues le hago un llamado al Gobierno del Estado para que le dé una rehabilitada, cuando menos de la fachada, no sé cómo estarán los techos, para preservar ese edificio y otros más”.
“Como la escuela Leona Vicario y otros como el edificio de los Artesanos Hidalgo en el centro de la ciudad y darle, dedicarle un poco de presupuesto a esa apariencia de la ciudad, que se refleja en la belleza de la misma y el turismo y la cultura, y no la cultura abstracta, sino la cultura real del turismo y los propios hermosillenses, porque de acuerdo cómo esté nuestro rostro físico, será el ánimo que tengamos como ciudadanos de Hermosillo”.



