
En la pasada entrega comentamos que, si la huelga del STEUS estallaba, sería responsabilidad exclusiva de la autoridad universitaria. Sigo en esa idea debido a la tibieza que se observa a la hora de “negociar” la renovación del convenio de apoyo financiero, sobre todo en la parte que corresponde al Gobierno Federal. La evidencia de las cifras es clara, y se explica con tres sencillos ejemplos.
En el caso de los trabajadores administrativos y de servicio, justo los que estallaron la huelga, resulta que en la plantilla del convenio se autoriza un total de 1,942 plazas. De ellas, 1,315 tienen asignado un sueldo tabular por debajo del salario mínimo, situación irregular. No hay evidencia de que la autoridad universitaria haya solicitado su regularización: causa principal de la huelga, por cierto.
Otro aspecto que sobresale es que desde 2004, 2012, 2015 y 2016, según los respectivos convenios de financiamiento, la Universidad no ha podido conseguir que le autoricen horas para los maestros de asignatura, plazas de confianza, plazas administrativas ni plazas académicas, respectivamente. Han sido incapaces de incrementar las plantillas oficiales, fuentes principales del financiamiento.
El crecimiento natural de la matrícula y el enriquecimiento de su planta académica son argumentos de peso para buscar mayores recursos. Según comunicados de la propia universidad, en el semestre 2025-2 se programaron 25,148 horas de asignatura. Se tiene un déficit de 9,048 horas en comparación con las 16,100 autorizadas según plantilla del año 2004, ¿será posible que en 22 años no se haya podido conseguir agregar una sola hora de asignatura a la plantilla oficial?
Un dato relevante: el convenio financiero autoriza para seguridad social con ISSSTESON, en calidad de prestación ligada al salario, un 14%, calculado sobre la base de sumar salario tabular, prima de antigüedad, aguinaldo y prima vacacional. Sin embargo, por convenio la universidad tiene que aportar a ISSSTESON el 28.65%, es decir, un poco más del doble de lo que se recibe por ese concepto.
Para este 2026 la Unison tiene autorizado para previsión social un monto de 208.7 millones de pesos, lo que representa el 14% mencionado anteriormente. Si la autoridad universitaria ya se hubiera aplicado en actualizar el convenio, es decir, si en lugar del 14% recibiera el 28.65% pactado con ISSSTESON, estaría recibiendo un excedente de recursos por 218.4 millones de pesos: es lo que están dejando de recibir.
Como se pude observar, el convenio de apoyo financiero es el principal instrumento de financiamiento de la universidad. Lamentablemente no se ha entendido de esa manera, y lejos de ir a buscar los recursos a la “ventanilla” correcta, fuera de la universidad han apretado tuercas hacia el interior de la institución: se endurece el Estatuto de Personal Académico, se dificulta la ocupación de las plazas vacantes, etc. De ahí la animadversión de los trabajadores hacia sus autoridades. Y de ahí la huelga.
Y una vez estallada la huelga, la autoridad universitaria nada de muertito en espera del rescate del Gobierno del Estado. Es por ello que el gobierno estatal supera en aportaciones al federal con poco más de 130 millones de pesos en este año cuando el financiamiento a la Unison es 50 y 50 por ciento cada uno.
Creemos que la recurrente problemática que vive la universidad parte del poco interés, tibieza, apatía y parálisis de la autoridad universitaria por resolver de fondo la problemática. No buscan una reestructuración integral del convenio financiero. Se limitan a esperar a que la federación les autorice lo mismo del año anterior más el incremento salarial, el famoso “irreductible”.
Los trabajadores universitarios son los menos culpables de la situación; ellos defienden sus derechos y lo hacen con las herramientas disponibles. Los exrectores llegan al puesto diciendo que quieren mucho a su universidad, y una vez que concluyen sus periodos, renuncian a la institución para ir a la búsqueda de pensiones jugosas: se les acaba el amor por su alma mater. Algunos de ellos ni siquiera fueron capaces de conseguir la autorización de una sola plaza más para la universidad. Sin duda, de todo esto están ya muy cansados los universitarios.
La doctora Dena María Camarena, actual titular de rectoría, deberá cambiar de estrategia y conformar un equipo que con apoyo externo permita plantarse ante la federación para reestructurar el convenio de apoyo financiero y con ello oxigenar las finanzas universitarias. También se debe cambiar de actitud ante la problemática interna, ¿qué es eso de proponer en la mesa de negociación a los trabajadores que se vayan a trabajar a otras instituciones? No tiene buen equipo la rectora. Se nota.


