La muerte de un bebé de 1 año y 4 meses tras recibir una inyección de dexametasona en un consultorio anexo a farmacia es investigada por autoridades, en un caso que ha generado indignación social y cuestionamientos sobre la atención médica en estos espacios.
De acuerdo con los primeros testimonios, el menor fue llevado a una consulta de rutina, donde una doctora le recetó y aplicó el medicamento.
Sin embargo, al salir del establecimiento, el niño comenzó a presentar convulsiones severas, lo que obligó a su madre a regresar en busca de ayuda.
Ante la emergencia, el personal médico indicó el traslado inmediato a un hospital. El menor ingresó inconsciente a la Cruz Verde, donde se confirmó que ya no contaba con signos vitales.
Especialistas advierten que el uso de dexametasona en menores de dos años implica riesgos elevados, ya que requiere una dosificación precisa y controlada. Una reacción adversa puede desencadenar crisis graves en cuestión de minutos, especialmente en pacientes pediátricos.
A este escenario se suma que los consultorios anexos a farmacias no operan como unidades de urgencias, por lo que carecen de equipo de reanimación, oxígeno y personal especializado para responder ante emergencias críticas, lo que puede influir de manera determinante en el desenlace.
La Fiscalía del Estado de Jalisco abrió una carpeta de investigación para esclarecer los hechos y determinar si existió negligencia médica, una posible dosis incorrecta o una reacción alérgica no detectada.
Los resultados de la necropsia serán clave para definir responsabilidades en este caso.
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Mientras tanto, el hecho ha provocado una ola de reacciones en redes sociales, donde usuarios exigen una regulación más estricta para este tipo de consultorios, ante los riesgos que pueden representar en situaciones de vida o muerte.


