Hermosillo, Sonora.– Los manglares de la Nación Comcaác son considerados los más hermosos y los únicos de la costa sonorense que no han sido impactados por la industria de la construcción. Sin embargo, enfrentan otras amenazas como el cambio climático y la basura que llega desde lugares lejanos, coinciden científicos y autoridades tradicionales, quienes subrayan la necesidad de preservarlos y evitar su deterioro.
A diferencia de ecosistemas cercanos como el Estero La Cruz o los de Bahía de Lobos, Bahía El Tóbari y Yavaros, el sistema costero seri permanece virgen y altamente productivo, incluso con un potencial ecológico que podría superar al de otras regiones. Su valor ambiental lo ha convertido en un espacio estratégico, aunque también expuesto a disputas por el uso del territorio.

Este entorno natural recuerda que sus islas son fragmentos surgidos de la separación geológica entre Sonora y la península de Baja California, proceso que dio origen a hábitats únicos en cada una de ellas. Con el crecimiento del llamado Mar Bermejo —hoy reconocido como el acuario del mundo— estas porciones de tierra se reducían paulatinamente.
El sistema Isla del Tiburón–Canal del Infiernillo es reducido en extensión y comprende alrededor de 900 hectáreas de humedales de manglar, de acuerdo con el presidente del ejido Desemboque y su anexo Punta Chueca, Alberto Mellado Moreno. En esta zona se localizan los esteros Santa Rosa y El Sargento, conocidos por el turismo de conservación; este último es el más amplio y concentra poco más de la mitad del manglar seri.
El cambio climático representa una amenaza para este ecosistema debido al aumento del nivel del mar provocado por el calentamiento global y el deshielo de los glaciares. A nivel local, este fenómeno podría dejar bajo el agua extensas áreas del territorio indígena, incluidos manglares y los asentamientos de Desemboque y Punta Chueca.
Aunque la comunidad científica mantiene posturas divididas entre aplicar medidas regenerativas o permitir que la naturaleza siga su curso, desde hace al menos dos años grupos de jóvenes seris impulsan viveros de mangle con fines de forestación para intentar recuperar terreno al mar.

La ingeniera forestal experta en humedales, Ana Eglis Molina Márquez, consideró altamente positivo el esfuerzo comunitario por reproducir plántulas de distintas especies con fines de regeneración y llamó a todos los órdenes de gobierno —en especial a las autoridades federales— a respaldar la conservación de estos ecosistemas.
Por su parte, el biólogo e investigador de la Universidad de Sonora, Alf Meling, señaló que los manglares seris desempeñan un papel económico relevante para la región y constituyen un eslabón fundamental en la producción y reproducción de la vida en el Golfo de California, por lo que coincidió en la necesidad de preservarlos de manera permanente.

No obstante, opinó que la reforestación podría resultar insuficiente frente a eventuales inundaciones costeras derivadas del aumento del nivel del mar, y que, ante una posible desaparición, estos humedales tenderían a regenerarse de forma natural donde existan condiciones adecuadas.
Mellado Moreno añadió que, además de proteger estos espacios, es indispensable respetar las vedas establecidas para evitar la sobreexplotación de especies de alto valor comercial como callo de hacha, jaiba y caracol.
A las costas de la Nación Comcaác llega basura que flota en el Mar de Cortés y afecta distintos puntos de su territorio, especialmente en la zona sur del estero Santa Rosa, donde grupos ambientalistas han realizado jornadas de limpieza para conservarlo en condiciones saludables.

La mayoría de los desechos son plásticos de un solo uso generados a nivel regional, aunque también arriban residuos provenientes de otras latitudes, arrastrados por corrientes marinas, el viento, la lluvia y la acción humana directa. Por ello, las campañas de limpieza costera deben intensificarse y realizarse con mayor frecuencia.
Cada vez más organizaciones y ciudadanos se suman a estas labores de saneamiento de manglares y otros espacios costeros.
Los humedales seris son los únicos en Sonora que no han sido talados para la construcción de granjas acuícolas o infraestructura turística, ni reciben aguas residuales agrícolas, lo que los distingue del resto, además de su notable belleza natural.

Este patrimonio ha despertado un amplio interés científico y turístico, así como el compromiso de las autoridades ejidales y tradicionales, cuyo ejemplo ha involucrado a jóvenes de las poco más de mil 200 personas que habitan en Punta Chueca y Desemboque.
Durante los días previos y posteriores a Semana Santa se registra una mayor afluencia de visitantes. A quienes acuden se les exhorta a no talar mangles ni dejar basura.
La fragilidad de estos ecosistemas podría verse afectada de manera irreversible por el cambio climático, considerado un daño colateral de la huella humana global. La invitación es a disfrutar de estos espacios sin impactarlos y contribuir a su conservación.


