Por Abril Murrieta, Ana Gamboa y Tadeo Cruz
Hermosillo, Sonora.- A pesar de los rezagos en infraestructura y seguridad que persisten en la Costa de Hermosillo, la comunidad ha sabido responder con organización y solidaridad.
Está el vecino que ayuda, quien limpia su patio y recoge la basura, pero también quienes dedican tiempo a crear espacios seguros y de convivencia para niñas, niños y jóvenes.
En esta segunda entrega, las historias reflejan la resistencia de una comunidad que no se rinde y se organiza. Desde comedores comunitarios hasta iniciativas para fortalecer la educación y el tejido social, habitantes de la Costa han decidido involucrarse.
Don Anselmo Ayala Corral es uno de ellos: es propietario del Comedor Comunitario Unidos Por Miguel Alemán, en el que ha trabajado por más de 15 años brindando apoyo a personas en situación vulnerable de la Costa de Hermosillo: apoyan a 150 personas en temporada baja y hasta 350 en temporada alta.
“Creo que mi niñez fue la mejor escuela para enseñarme el dolor de las familias que pasan por situación de precariedad; yo me acuerdo que consumía un plato con agua con chile y una tortilla de maíz como comida del día”, dijo.
Las situaciones que vivió en su infancia, y verlas repetidas en otros a su alrededor mientras crecía, lo motivaron a abrir este espacio donde además de dar alimento apoya a quienes en situaciones delicadas, como el fallecimiento de seres queridos, no cuentan con recursos para pagar un funeral.
“Hacemos lo que podemos, con los niños tratamos de quitar el dolor del hambre. También hay personas que mueren y que no tienen para sepultar a sus seres queridos, a ellos también los apoyamos con lo que podemos”, comentó.
Mientras unos se enfocan en suplir las necesidades básicas como la comida, otros buscan alimentar también la educación, las ganas de aprender y fomentar la lectura. Brindar un lugar para reforzar lo que aprenden en sus casas, los comedores y salones de clase, como la Fundación Imagina.

Teresita Rodríguez Aguilar, profesora en la fundación, compartió que brindan atención a un promedio de 85 estudiantes divididos en grupos que acuden por las mañanas en ciertos horarios de clases para reforzar sus habilidades de lectoescritura
Ella, junto a su equipo, comparten como motivación principal el que los menores interesados cuenten con las habilidades básicas como comprender textos y puedan tener oportunidades para estudiar.

Habitantes del Poblado Miguel Alemán también resaltaron la organización y el sentido de comunidad que se ha fortalecido con los años.
Coincidieron en que, más allá de las autoridades, han sido las propias personas quienes han contribuido a mejorar el entorno.

La participación en asociaciones civiles, el respaldo a iniciativas para ayudar a quienes menos tienen. Todo ha contado. Esta voluntad ciudadana, aseguraron, ha sido clave para mantener el orden, fomentar la solidaridad y construir un ambiente más unido en la Costa de Hermosillo.
Investigadoras del Colegio de Sonora presentaron un libro sobre la Costa de Hermosillo que pone rostro y nombre a las familias jornaleras, resaltando su organización, identidad cultural y aportes a Sonora.

Patricia Aranda y Carmen Arellano, profesoras investigadoras del Centro de Estudios en Salud y Sociedad, explicaron que la obra es resultado de más de diez años de trabajo colaborativo con académicos de la Universidad de Sonora, la Universidad Autónoma de Sinaloa y la Universidad Autónoma Indígena de México.
El proyecto surgió del interés común por comprender qué ocurre en las comunidades agroindustriales del noroeste, donde miles de personas migrantes —muchas provenientes de Oaxaca— sostienen la producción agrícola que posiciona a Sonora a nivel nacional e internacional.
“Hemos tenido interés en pensar qué sucede con el tema de la salud en esta población, que aporta a nuestra riqueza económica, pero también a la riqueza cultural del Estado”.
El libro documenta las condiciones de vida, trabajo y salud en lugares como el Poblado Miguel Alemán y Estación Pesqueira.
Habla del acceso limitado a servicios médicos, de los retos para obtener documentos de identidad, de las dificultades en transporte y vivienda, así como de la necesidad de supervisar las condiciones laborales en los campos.
“Hay que reconocer que es difícil rescatar la cultura de uno cuando migra, y creo que hay esfuerzo. Hay algunas personas y grupos que están queriendo rescatar desde donde viene su cultura, a través de la alimentación, dar a conocer cuáles son sus alimentos, sus fiestas, sus celebraciones”.
En ese contexto, consideran indispensable que las políticas públicas atiendan la diversidad cultural, fortalezcan la educación intercultural, mejoren infraestructura básica como drenaje y calles, y aseguren acceso efectivo a seguridad social y salud.
Como parte de su difusión, el 22 de febrero a las 11:00 de la mañana se realizará una presentación en la cancha Tres Cruces del Poblado Miguel Alemán, en el marco del Día Internacional de la Lengua Materna, con actividades culturales abiertas al público y la participación de integrantes de las propias comunidades.


