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viernes, abril 4, 2025

Obstinado a vivir

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Espíritu obstinado, así me describió uno de mis poetas connacionales y contemporáneos favoritos. Lo hizo al leer mi pobre elegía titulada De almas sensibles. El adjetivo resonó en el infame campo de batalla que se desarrolla en mi cabeza. Esa descripción desató una tormenta interior en mi alma. ¿Qué quiso decir el poeta?, me preguntaba en los pocos momentos del día que el ritmo frenético de la indomable ciudad moderna me lo permitía.

Pasados los días, me encontré con Roberto, un talentoso amigo del poeta, en un bar surrealista de la CDMX en Coyoacán. Hace tiempo había dejado de frecuentar esas cantinas que albergan extranjeros, indigentes, mexicanos adinerados, artistas y policías ministeriales. En una amena conversación, con una pésima iluminación y ambientación, le conté a Roberto mi cruce de mensajes con nuestro amigo. “El misterio de la obstinación me está matando, ¿por qué me describió así?”, le pregunté, esperando que su sabiduría me iluminara. Roberto, disperso y ameno, me contestó: “La obstinación es una actitud ante la oscuridad y la miseria. Sólo aquellos que han estado inmersos en un infierno terrenal y espiritual aceptan la existencia con amplitud y se anclan a ella porque saben que todo el mal y el bien son posibles en el mismo lugar”.

Ser obstinado implica, entonces, resignación y aceptación, porque lo impredecible de los acontecimientos y lo indecible de la realidad causan una angustia que carcome a todo aquel que medita sobre lo efímero que es nuestro caminar en la tierra. Mi espíritu es obstinado porque mi alma contempla la finitud del tiempo con constancia, lo que me obliga a aceptar mi existencia con todas las eventualidades que en ella se puedan presentar. Ser obstinado es aferrarse a vivir, pase lo que pase: ser valientes ante lo extraño, audaces en la contrariedad y alegres en la dicha.

En el eterno dilema del ser o no ser, existen quienes ni siquiera se plantean tan honda cuestión y a quienes se les presenta con persistencia. Entre sensibles y pragmáticos se desarrolla el frenesí del vivir. Los espíritus obstinados son sensibles porque sí se plantean la pregunta más relevante para la humanidad, según muchos poetas, que el príncipe Hamlet de Shakespeare declamó con asertividad: to be or not to be. ¿Ser o no ser?, esa es la cuestión.

El obstinado y sensible aprehende al ser y a todos los claroscuros que contiene. Acepta la tormenta de primavera sin saber si después llegará el verano. La llegada del verano es un acto de fe que genera esperanza, que permite afrontar el dolor, se espera lo mejor. De ello parte la ilusión de la felicidad, en que siempre estará por venir lo mejor. Obstinarse es mantener viva la llama del verano, del sol, alimentar el sueño del mañana, de lo que vendrá con la certeza de que será mejor, aunque la evidencia muestre lo contrario.

A los pragmáticos, en cambio, no les aquejan las reflexiones profundas que atormentan a miles de almas. Viven y disfrutan sin necesidad de sobrepensar. Pareciera que nacieron libres de angustia existencial y de pecado original. Todo les resulta fácil, lógico y sencillo. Entienden el mundo como mecánica sin mística, una máquina producida con relaciones causales sencillas, llena de diversas herramientas comprensibles que le dan su funcionamiento. Si algo falla, es porque una pieza está mal integrada. Los infelices son infelices porque existe un rompimiento en su persona. Para toda ruptura encuentran un arreglo porque la vida no es compleja ni esotérica, simplemente es.

Pero el poeta, con su visión de eternidad en la que el paso del tiempo se detiene y todo es visualizado con exponencialidad: el principio es el fin y el fin el principio, los mares están labrados en tierra, el fuego se evapora encaminado al intenso cielo rojo que ilumina las tinieblas y marchita todo lo que florece, me describió como un espíritu obstinado que a su vez es sensible. Por fin lo he entendido todo: lo hizo porque nunca se me ha facilitado mucho esto del vivir. Siempre se han reído de mi fragilidad inesperada porque, como él, observo la realidad indefinidamente; encuentro la posibilidad y la contradicción en todo. Todo es posible. En eso radica mi obstinación: es mejor ser que no ser.

Aviso

La opinión del autor(a) en esta columna no representa la postura, ideología, pensamiento ni valores de Proyecto Puente. Nuestros colaboradores son libres de escribir lo que deseen y está abierto el derecho de réplica a cualquier aclaración.

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