La presidenta ha concluido el primer tercio de su sexenio. Envuelta en la bandera de la soberanía nacional y atrapada en los juegos sucesorios en Morena, Claudia Sheinbaum iniciará el tercer año con la presión de las elecciones de medio término y el asedio creciente del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
El riesgo de injerencia es real, y a él le ha dedicado toda su atención desde el mes de mayo. Si se habla de crecimiento económico y mercado interno, es porque solo así podemos depender un poco menos del comercio con Estados Unidos. Si el tema es seguridad, la nueva estrategia (menos abrazos y más balazos) busca conjurar el riesgo de una intervención de agencias estadounidenses en el combate al narcotráfico. Si hablamos de elecciones, la mira presidencial se fija en la derecha internacional, el enemigo identificado que le da vigencia a su relato.
Todo indica que el discurso que se viene repitiendo desde hace cinco meses, tras las crisis en Chihuahua y Sinaloa, será la tonada que marcará el ritmo del tercer año de Gobierno: todo contra la injerencia extranjera y en defensa de la soberanía nacional. Ese será el grito de batalla de la campaña, con la presidenta al frente de los batallones guindas, frente a una oposición inepta que juega muy bien el rol que Sheinbaum les ha endilgado, el de traidores a la patria.
Cada viaje de Alito Moreno, el dirigente del PRI, a Washington; cada gira europea de la cúpula panista encabezada por Jorge Romero, validan la narrativa oficial: la oposición busca en el extranjero el apoyo que no tiene en México.
El 2027 no sólo será el tercer año de la presidenta Sheinbaum, también será el parteaguas que defina su sexenio y el futuro de la Cuarta Transformación.
Por eso es importante el juego iniciado desde junio al interior de Morena -y que termina este lunes- para definir las candidaturas a gobernador en los 17 Estados que estarán en juego en los comicios. Esas elecciones modificarán el mapa político-electoral del país, pero también la configuración de fuerzas al interior de Morena.
Por eso la definición de las llamadas “coordinaciones estatales de defensa de la transformación y la soberanía” ha tensado así al partido; porque más allá de qué grupo gana y pierde en cada Estado, también hay liderazgos y corrientes nacionales que buscan empoderarse y ganar peso de cara al 2030.
La nueva generación de gobernadores morenistas, que relevará a la generación 2021 -electa bajo los designios de Andrés Manuel López Obrador- habrá de ser determinante en la sucesión presidencial de 2030 y la conformación de las bancadas oficialistas. Morena se juega su futuro en ello, y la presidenta, el legado por el que será recordado su sexenio.
Así de trascendente será el tercer año de Sheinbaum, que comienza este viernes 1 de octubre en medio de una campaña adelantada, con la familia morenista confrontada en guerras fratricidas y bajo el acecho de un Trump que, dentro de un mes, también se jugará su destino en una elección.
X: @chamanesco



