
Por Yolanda Butrón Valencia
El cambio climático está modificando las reglas del juego. Los eventos que antes considerábamos extraordinarios serán cada vez más frecuentes, y la ciudad necesita prepararse para ellos.
Aunque nuestra capital no haya sido directamente golpeada por el huracán Polo, su presencia en nuestra región nos recuerda que el clima está cambiando. Para la localidad, esto significa prepararnos no solo para el calor extremo y las sequías, sino también para lluvias intensas capaces de rebasar una red pluvial diseñada para condiciones distintas.
Ante esta realidad, no basta con pensar en cómo sacar el agua del entorno urbano lo más rápido posible. Tenemos que aprender a recibirla, absorberla y aprovecharla.
Jardines de lluvia, parques inundables, pavimentos permeables y sistemas de captación pueden reducir los escurrimientos y ayudarnos a manejar mejor el agua.
También necesitamos repensar nuestras banquetas. Ampliarlas permite incorporar árboles, áreas permeables y jardines de lluvia que reciban parte del agua durante una tormenta. Así podemos retenerla temporalmente, filtrarla e infiltrarla en el suelo, en lugar de enviar todo el escurrimiento hacia la calle y sobrecargar la red pluvial.
Esto permite resolver dos problemas al mismo tiempo: más sombra para quienes caminan y menos agua acumulada en calles y puntos críticos.

En este contexto, los árboles no son decoración: son infraestructura climática. Su sombra reduce el calor y, junto con suelo permeable y vegetación adecuada, forma parte de una estrategia para enfrentar temperaturas y lluvias extremas.
La resiliencia no puede construirse después de cada tormenta. Se diseña antes, desde la planeación de cada calle, parque, colonia y nueva obra.
Nuestra ciudad necesita actuar ahora. Gobierno, ciudadanía, empresas y universidades podemos impulsar banquetas más amplias y arboladas, jardines de lluvia, más suelo permeable y una red pluvial preparada para eventos cada vez más intensos y frecuentes.
Porque si algo nos está enseñando el cambio climático es que lo que hoy llamamos “extraordinario” puede dejar de serlo.
Construir una ciudad resiliente no es prepararnos para un futuro lejano: es adaptarnos al clima que ya está cambiando.
La autora es integrante del Colectivo Bukis a la Calle. Integrante de la Red HCV.



