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martes, septiembre 22, 2026

Duelo digital: desvinculándonos

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Mariel Montes
Catedrática investigadora de la Universidad de Sonora. Educadora y psicóloga. Coordinadora del Laboratorio de Comunicación y Servicios de la Universidad de Sonora

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Terminar una relación implica aprender a vivir con una ausencia. Durante mucho tiempo esa ausencia también estaba acompañada por cierta distancia: dejábamos de ver a la persona, disminuían las conversaciones y, poco a poco, dejábamos de saber qué estaba haciendo. Hoy las rupturas ocurren de manera diferente. Podemos terminar una relación y, sin embargo, continuar viendo todos los días fragmentos de la vida de quien fue nuestra pareja. Sabemos dónde estuvo, con quién salió, qué música escucha, quién comenzó a seguirle o incluso si está iniciando una nueva relación. El vínculo terminó, pero la conexión digital puede permanecer intacta.

A esta experiencia podemos acercarnos desde la idea del duelo digital. No se trata de un duelo distinto al que vivimos después de una separación amorosa, sino de reconocer que actualmente una parte importante de nuestros vínculos también existe en los espacios digitales. Por eso, cuando una relación termina, no solamente tenemos que reorganizar nuestra vida cotidiana y emocional; también necesitamos decidir qué hacemos con esa enorme cantidad de conexiones, recuerdos e información que permanece en nuestros dispositivos.

Ahí están las fotografías, los mensajes de WhatsApp, los audios que alguna vez escuchamos muchas veces, las conversaciones guardadas, las playlists compartidas, los videos, los grupos familiares, los contactos, las ubicaciones y cientos de pequeños rastros de una relación. A esto se suman los recuerdos que las propias plataformas nos devuelven inesperadamente: “hace un año estabas aquí”, “mira este recuerdo”, “personas que quizá conozcas”. El algoritmo no sabe que estamos intentando dejar atrás una relación. Simplemente identifica que durante meses o años interactuamos intensamente con una persona y continúa mostrándonos aquello que considera relevante.

Esto hace que desvincularnos sea más complejo. Antes, la distancia física realizaba una parte del trabajo que ahora tenemos que hacer conscientemente. Hoy podemos pasar semanas sin hablar con una expareja y, sin embargo, saber prácticamente todos los días algo de ella. Podemos no enviarle un solo mensaje y seguir entrando a su perfil. Podemos decir que ya no tenemos contacto mientras revisamos quién vio sus historias, quién comentó sus fotografías o qué personas nuevas aparecen en su vida. No hablar también puede coexistir con seguir profundamente conectados.

Por eso resulta interesante preguntarnos qué significa realmente “tener contacto” después de una ruptura. Contacto no es solamente llamar o enviar mensajes. Mirar constantemente también mantiene una forma de conexión. Cuando revisamos repetidamente las redes de una expareja, nuestro cerebro continúa recibiendo información sobre esa persona y nosotros seguimos reaccionando emocionalmente a ella. Una fotografía puede generar tristeza, una historia puede despertar esperanza y un nuevo seguidor puede producir celos. La relación terminó, pero seguimos permitiendo que pequeños acontecimientos de la vida de esa persona modifiquen nuestro estado emocional.

En consulta y en las conversaciones cotidianas aparece frecuentemente una frase: “solo quería saber cómo estaba”. Y es completamente comprensible. Después de haber compartido una parte importante de nuestra vida con alguien, la curiosidad no desaparece automáticamente cuando termina la relación. Sin embargo, conviene preguntarnos qué ocurre después de mirar. ¿Me siento mejor?, ¿me tranquiliza?, ¿me genera más preguntas?, ¿termino buscando más información?, ¿cambia mi estado de ánimo durante el resto del día? La pregunta importante no es únicamente por qué miramos, sino qué efecto tiene en nosotros aquello que encontramos.

Aquí aparece una idea que algunas veces genera resistencia: desvincularnos digitalmente puede formar parte del cuidado emocional. Silenciar una cuenta, dejar de seguir, archivar fotografías, eliminar accesos compartidos o incluso bloquear temporalmente no necesariamente son actos de inmadurez, enojo o resentimiento. Todo depende de la intención y del contexto. Algunas veces son simplemente límites que necesitamos establecer mientras aprendemos a vivir una nueva realidad. No tenemos que demostrar madurez exponiéndonos permanentemente a información que todavía nos lastima.

Tampoco existe una regla universal que indique que todas las personas deben eliminar a sus exparejas de las redes sociales. Hay relaciones que terminan de manera cordial y personas que pueden conservar algún tipo de contacto sin que eso interfiera significativamente con su bienestar. En otros casos, continuar observando la vida digital de la expareja mantiene expectativas, comparaciones o emociones que dificultan avanzar. Por eso la decisión no debería basarse en lo que socialmente parece más maduro, sino en una pregunta mucho más sencilla: ¿este contacto digital me ayuda o me dificulta adaptarme a la separación?

Desvincularnos también implica revisar otros espacios menos evidentes. Tal vez seguimos compartiendo la ubicación del teléfono, una cuenta de streaming, almacenamiento en la nube, álbumes de fotografías, calendarios, contraseñas o dispositivos vinculados. Después de una ruptura es recomendable revisar estos accesos no solamente por razones emocionales, sino también por privacidad y seguridad. La intimidad que existió durante una relación no significa que ambas personas deban conservar indefinidamente acceso a la vida digital del otro.

Los amigos y familiares también participan en este proceso. Podemos haber decidido dejar de revisar las redes de nuestra expareja, pero alguien aparece con una captura de pantalla o con la frase: “¿ya viste con quién salió?”. Si estamos intentando establecer distancia, también podemos pedir a nuestro entorno que no nos mantenga permanentemente informados. Poner un límite puede ser tan sencillo como decir: “prefiero no saber por ahora”. No necesitamos conocer cada acontecimiento de la vida de alguien para demostrar que hemos superado la relación.

Hay otra parte del duelo digital que merece especial cuidado: qué hacemos con nuestros recuerdos. Borrar inmediatamente todas las fotografías puede resultar liberador para algunas personas y doloroso para otras. No necesariamente tenemos que tomar decisiones definitivas en el momento de mayor intensidad emocional. Archivar fotografías, guardarlas temporalmente fuera de nuestra vista o simplemente decidir no revisarlas puede ser suficiente. Desvincularnos no significa negar que una relación existió ni borrar una parte de nuestra historia.

Quizá ahí se encuentre una de las diferencias más importantes entre borrar y soltar. Borrar es una acción tecnológica que podemos realizar en segundos. Soltar es un proceso psicológico que necesita tiempo. Podemos eliminar todas las fotografías de un teléfono y continuar emocionalmente vinculados, de la misma manera que podemos conservar algunos recuerdos y haber construido una vida completamente independiente de aquella relación. Ningún botón puede realizar por nosotros el proceso emocional de una separación.

Las redes sociales nos han acostumbrado a pensar los vínculos en términos de seguir, dejar de seguir, bloquear, eliminar o agregar. Pero las relaciones humanas son mucho más complejas que esos botones. El verdadero proceso de desvinculación ocurre cuando dejamos de organizar nuestros días alrededor de lo que hace la otra persona, cuando disminuye la necesidad de saber, cuando dejamos de interpretar cada movimiento y cuando nuestra atención comienza nuevamente a regresar hacia nuestra propia vida.

Tal vez por eso el objetivo del duelo digital no sea conseguir que una persona desaparezca completamente de internet. Eso probablemente ni siquiera está bajo nuestro control. El objetivo puede ser algo mucho más realista: que su presencia digital deje de dirigir nuestra vida emocional.

Desvincularnos digitalmente no significa borrar nuestra historia. Significa decidir cuánto acceso necesitamos seguir teniendo a una persona para poder continuar construyendo la nuestra. Antes, después de una ruptura, la distancia física hacía una parte importante del trabajo. En estos tiempos también tendremos que aprender algo nuevo: construir nuestra propia distancia digital.

Aviso

La opinión del autor(a) en esta columna no representa la postura, ideología, pensamiento ni valores de Proyecto Puente. Nuestros colaboradores son libres de escribir lo que deseen y está abierto el derecho de réplica a cualquier aclaración.

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