Hermosillo, Sonora.- Desde niño, Julio César Camargo disfrutaba estar frente a la cámara, inventar historias y jugar con personajes, una afición que con el tiempo se convirtió en su vocación por la actuación.
Su primer acercamiento formal al teatro ocurrió durante la preparatoria, cuando se inscribió en una convocatoria para un festival de artes. Aunque había pocas personas interesadas en participar, continuó con el proyecto y trabajó junto al director hasta lograr presentar la obra.
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La respuesta del público fue determinante para él, especialmente al comprobar que una historia podía generar emociones y hacer que las personas se sintieran identificadas.
“Fue muy impactante para mí. Fue como que órale, qué loco que puedes hacer eso con arte para las personas y de ahí como que quise hacerlo pues el resto de mi vida”, relató.
Desde entonces, Julio César comenzó a buscar oportunidades para aprender y crecer como actor. Para él, actuar conserva algo del juego de la infancia, pero también requiere disciplina, responsabilidad y capacidad para superar los errores.
“Hay que equivocarse todas las veces que se pueda para poder avanzar”, afirmó.
Su trayectoria incluye participaciones en distintos montajes, entre ellos Wicked, Coco, Alicia y El burgués gentilhombre. Para Julio César, cada experiencia representa una oportunidad de aprendizaje y una forma de continuar construyendo su camino en la actuación.
El actor también reconoce el respaldo de su familia como una de sus principales motivaciones para seguir adelante y convertir en realidad aquello que comenzó como un juego durante su infancia.




