Los recientes socavones registrados en Hermosillo reavivaron el debate sobre el estado de la infraestructura hidráulica de la ciudad y la necesidad de implementar acciones preventivas para evitar nuevos colapsos.
Durante un análisis sobre el tema, se recordó que en febrero ya se había advertido sobre la situación de los colectores de la capital sonorense. Actualmente, Hermosillo cuenta con alrededor de 2 mil 500 kilómetros de colectores, de los cuales cerca del 50% ya cumplió o está por cumplir su vida útil, al superar los 50 años de antigüedad.
Se señaló que sustituir toda esa infraestructura representa una inversión que el municipio no puede asumir por sí solo, por lo que sería necesaria la participación conjunta de los gobiernos municipal, estatal y federal. Sin embargo, se advirtió que, más allá de la falta de recursos, persiste una cultura de reacción en lugar de prevención.
Tras el reciente socavón que provocó la caída de un vehículo, también se hizo referencia a las declaraciones del gerente de Saneamiento de Agua de Hermosillo, quien informó que se monitorearán las zonas identificadas como de mayor riesgo. No obstante, se consideró necesario que ese seguimiento vaya acompañado de un programa preventivo más amplio y con herramientas tecnológicas.
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Como ejemplo, se mencionó que ciudades como Seúl y Sídney han logrado reducir hasta en un 80% los socavones mediante el uso de sensores, imágenes satelitales y monitoreo constante de la infraestructura, medidas que, aunque requieren inversión, resultan menos costosas que atender los daños una vez que ocurre un colapso.
También se enfatizó que el problema no corresponde únicamente a la administración actual, ya que los socavones comenzaron a presentarse hace aproximadamente una década y desde entonces se registran entre dos y tres casos por año. Por ello, se planteó la necesidad de establecer un programa preventivo permanente, con monitoreo durante todo el año, actualización de mapas de riesgo, coordinación con Protección Civil y acciones para detectar zonas vulnerables antes de que colapsen.
Además de las responsabilidades de las autoridades, se destacó la importancia de la participación ciudadana. Se explicó que un alto porcentaje de viviendas y comercios mantiene conectado el drenaje pluvial al drenaje sanitario, lo que provoca la saturación de los colectores durante las lluvias y aumenta el riesgo de fallas en una infraestructura que ya presenta un importante desgaste.
Finalmente, se consideró que el Ayuntamiento también podría impulsar campañas de concientización y brigadas para disminuir la carga sobre el sistema de drenaje sanitario. Con la temporada de lluvias apenas en sus primeras etapas y precipitaciones previstas para agosto, septiembre y octubre, se insistió en que prevenir siempre será menos costoso que reparar los daños ocasionados por nuevos socavones.




