Luego de la agresión contra un menor que limpiaba parabrisas en un crucero de Hermosillo, la psicóloga Yolanda Ramírez hizo un llamado a reflexionar sobre la violencia al volante y la forma en que la sociedad ha normalizado este tipo de conductas.
Durante una entrevista, se señaló que parte de las reacciones en redes sociales han justificado la agresión bajo el argumento de que los limpiavidrios resultan molestos para algunos automovilistas. Sin embargo, se enfatizó que “la solución no es encajarles una tijera, un cuchillo, una navaja”, pese a que esta actividad pueda generar incomodidad.
La especialista consideró preocupante que exista una justificación hacia la violencia, ya que “claramente va a traer más violencia”. Añadió que actualmente se observa un entorno de hostilidad, agresiones y violencia que terminan replicándose en distintos espacios.
Ramírez explicó que desconoce el contexto particular del presunto agresor, aunque señaló que podrían existir factores personales detrás de una reacción de esa magnitud. “Muy probablemente un historial de impulsividad, quién sabe qué situaciones haya pasado como para que el hecho de que le limpiaran el vidrio lo haya detonado de esta manera”, expresó.
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Ante este escenario, llamó a que las personas hagan una reflexión individual sobre su estado emocional y físico. “¿Qué está pasando con nosotros a nivel emocional, a nivel físico, a nivel pensamiento, como para que sigamos accediendo a impulsos que pueden no solo cambiar la vida de otra persona, sino también tener consecuencias personales?”, cuestionó.
Asimismo, destacó la importancia de identificar los detonantes y vulnerabilidades personales para trabajar en ellos y evitar reacciones impulsivas. Explicó que, si los detonantes son internos, pueden emplearse técnicas de relajación, mantenerse hidratados, hacer ejercicio, dormir adecuadamente o buscar acompañamiento profesional. Si son externos, recomendó aprender a desconectarse de situaciones que no pueden controlarse.
Finalmente, subrayó que el principal reto es aprender a controlar la propia respuesta ante circunstancias ajenas. “Solo puedo controlar mi actitud. ¿Cómo respondo a las situaciones que no puedo controlar? Ese es el gran reto que tenemos”, concluyó.




