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martes, junio 30, 2026

Cuando la inflación baja, pero el bolsillo no lo siente

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La inflación empieza a dar señales de moderación, pero el alivio todavía no llega con la misma fuerza al bolsillo de las familias. En la primera quincena de junio se ubicó en 3.55% anual, con lo que regresó al rango objetivo del Banco de México. El dato es positivo porque muestra una menor presión general sobre los precios; sin embargo, no significa que la vida cotidiana se haya abaratado, sino que los precios siguen aumentando, aunque a un ritmo más lento.

Esa diferencia es clave para entender la distancia entre el reporte económico y la percepción ciudadana. La desinflación ocurre cuando los precios continúan subiendo, pero con menor velocidad; el abaratamiento, en cambio, implicaría que los precios bajaran. Por eso muchas familias no sienten una mejora inmediata: aunque la inflación general ceda, el nivel de precios acumulado durante los últimos años permanece alto y sigue pesando en el gasto diario.

Además, la inflación subyacente se mantiene por encima del 4%, impulsada principalmente por los servicios. Este componente suele ser más persistente porque refleja costos que no se ajustan con rapidez, como rentas, colegiaturas, transporte, alimentos preparados, reparaciones o servicios personales. Ahí es donde muchas familias resienten que el dinero sigue alcanzando menos, aun cuando el indicador general ya muestre una trayectoria más favorable.

En ese contexto, la decisión de Banxico de mantener la tasa de interés en 6.5% responde a una lectura prudente: la inflación general mejora, pero las presiones de fondo no han desaparecido. Bajar la guardia demasiado pronto podría retrasar la consolidación de la estabilidad de precios, especialmente si los servicios continúan empujando el costo de vida por encima de lo que muchas familias pueden absorber.

El reto, por tanto, no termina cuando la inflación vuelve al rango objetivo. Para que esa estabilidad llegue al bolsillo, México debe enfrentar los factores que siguen encareciendo la vida diaria: servicios persistentes al alza, baja productividad, informalidad, inseguridad, rezagos de infraestructura y un crecimiento débil. La salida no consiste sólo en frenar precios, sino en construir una economía capaz de producir más, competir mejor y sostener salarios reales más altos sin provocar nuevas presiones inflacionarias.

La inflación deja de ser un problema no sólo cuando baja en los reportes, sino cuando las familias recuperan la certeza de que su ingreso alcanza para vivir mejor. Mientras eso no ocurra, la buena noticia será real, pero incompleta.

Moisés Gómez Reyna, economista y maestro en derecho constitucional

Aviso

La opinión del autor(a) en esta columna no representa la postura, ideología, pensamiento ni valores de Proyecto Puente. Nuestros colaboradores son libres de escribir lo que deseen y está abierto el derecho de réplica a cualquier aclaración.

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