Hermosillo, Sonora.- El caso de Leyla Monserrat, en el que dos menores habrían privado de la vida a otra niña, ha generado una profunda reflexión social sobre la pérdida de valores, la deshumanización y la necesidad de fortalecer la espiritualidad en la vida cotidiana, señaló el padre Manuel Antonio Hurtado Puebla, conocido como Padre “Yaco”.
Durante su participación en Proyecto Puente con Luis Alberto Medina, el padre planteó cuestionamientos sobre el entorno que permite que hechos de esta naturaleza ocurran entre menores de edad.
“¿Cómo pueden dos niñas matar a otra niña?”, expresó, al reconocer el impacto emocional que le provocó el caso.
Crisis social y pérdida de valores
El análisis del pastor apunta a una responsabilidad compartida entre familia y sociedad, al considerar que este tipo de hechos reflejan una falla en la formación integral de las nuevas generaciones.
“Como sociedad esto nos debe cuestionar mucho. Quito la responsabilidad de la familia, porque obviamente allí hay una gran responsabilidad, pero creo que también como sociedad, lo digo así, estamos reprobando como sociedad”, aseveró.
En ese sentido, advirtió que actualmente se vive en un entorno donde predomina la información sin formación, lo que impacta directamente en la conducta de niñas, niños y adolescentes.
“Creo que vivimos hoy en una sociedad que informa muchas cosas o da mucha información, pero no forma”, explicó.
Deshumanización y falta de empatía
Uno de los puntos centrales de su reflexión fue la pérdida de empatía, fenómeno que, dijo, se refleja en conductas cada vez más violentas.
“Y esto es terrible cuando nos deshumanizamos, pues vaya decirlo con otras palabras, nos animalizamos”, señaló.
El pastor subrayó que la normalización de la violencia, incluso en entornos cotidianos, es un síntoma alarmante de esta deshumanización social.
Bajo este contexto, el Padre Yaco enfatizó que el caso evidencia la necesidad de retomar la fe y la espiritualidad como pilares en la formación humana.
Asimismo, hizo un llamado a padres de familia, docentes y sociedad en general a reforzar la educación en valores, así como generar espacios de diálogo con menores para abordar este tipo de delitos.
“Niños, adolescentes sin Dios se deshumanizan, se animalizan, dejan de tener empatía con el otro”, advirtió.
Un llamado urgente a la reflexión colectiva
El caso de Leyla Monserrat se ha convertido en un símbolo de alerta social, al evidenciar la urgencia de fortalecer no solo la educación académica, sino también la formación emocional y espiritual.
El mensaje, concluyó, no se limita a un sector específico, sino que interpela a toda la sociedad sobre el rumbo que están tomando las nuevas generaciones y la necesidad de reconstruir una cultura basada en valores, empatía y fe.


