La psicología aplicada al deporte se ha consolidado como una herramienta fundamental en la formación y desempeño de los atletas, ya que no solo contribuye a mejorar su rendimiento, sino que también protege su salud mental ante las exigencias propias de la competencia.
De acuerdo con Omar Estrada Contreras, licenciado en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), esta disciplina no se limita a intervenir cuando aparecen bloqueos emocionales o crisis, sino que busca optimizar el rendimiento físico y emocional de los deportistas.
El especialista lo explicó durante el programa “Con-ciencia. Psicología y sociedad”, una coproducción de Radio UNAM y la Facultad de Psicología, información retomada por UNAM Global.
Actualmente, la psicología deportiva ya no es una práctica exclusiva de atletas de alto rendimiento. Su aplicación se ha extendido a cualquier persona que practique actividad física, ya que el entrenamiento mental permite desarrollar habilidades para gestionar la presión, mantener la concentración y recuperarse después de cometer errores.
Según Estrada Contreras, estas herramientas ayudan a enfrentar situaciones comunes en el ámbito deportivo, como ansiedad, críticas externas, lesiones o expectativas personales, circunstancias que pueden presentarse tanto en el deporte profesional como en el amateur.

Una disciplina con más de un siglo de desarrollo
La psicología deportiva tiene más de cien años de evolución. Su origen se remonta a 1898, cuando el investigador Norman Triplett identificó el fenómeno de la facilitación social al observar que los ciclistas mejoraban su desempeño al competir en presencia de otros.
A partir de ese momento, el campo de estudio se ha ampliado para analizar aspectos como la motivación, el control emocional, la toma de decisiones bajo presión y el manejo del estrés, factores que influyen directamente en el desempeño deportivo.
Entre las estrategias del entrenamiento mental destacan la visualización, el control de la ansiedad, la regulación emocional y la repetición de rutinas previas a la competencia. Estas técnicas permiten que los atletas alcancen el llamado “estado ideal de rendimiento”, un nivel óptimo de activación que evita tanto la ansiedad excesiva como la apatía.
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Cuando se logra este equilibrio, el deportista puede concentrarse plenamente en el momento presente y reducir el impacto de presiones externas, lo que favorece su desempeño.
Asimismo, este proceso fortalece habilidades clave como la concentración en objetivos concretos, la motivación basada en metas alcanzables, la respuesta constructiva ante el error y la cohesión dentro de equipos deportivos.
Apoyo psicológico ante lesiones y el retiro deportivo
El acompañamiento psicológico no se limita a la preparación previa a las competencias. También resulta fundamental en momentos críticos de la carrera de un deportista, como las lesiones o la transición hacia el retiro.
Aunque el ejercicio físico aporta beneficios a la salud mental —como la liberación de endorfinas y la mejora del bienestar general, explicó Estrada Contreras citado por UNAM Global—, también puede implicar riesgos cuando la autoexigencia se intensifica o la identidad personal se centra únicamente en el rendimiento deportivo.

Entre los problemas que pueden presentarse en estos contextos se encuentran ansiedad, depresión, trastornos alimentarios, agotamiento emocional, sobreentrenamiento e incluso conductas relacionadas con el dopaje.
Por ello, el trabajo preventivo de la psicología deportiva cobra especial relevancia durante etapas complejas de la trayectoria de un atleta. En casos de lesión o cuando se acerca el final de la carrera competitiva, el apoyo profesional puede facilitar la aceptación de los cambios, redefinir proyectos de vida y mantener la estabilidad emocional.
En ese sentido, Estrada Contreras destacó en Radio UNAM que, cuando una lesión interrumpe la trayectoria deportiva, la intervención psicológica permite procesar la pérdida y reconstruir nuevas metas personales fuera del ámbito competitivo.


