La vitamina D se ha posicionado como un nutriente esencial en la agenda de la salud pública por su participación en la prevención de diversas enfermedades. Investigaciones respaldadas por organismos como los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos y la Organización Mundial de la Salud indican que mantener niveles adecuados de esta vitamina contribuye a disminuir el riesgo de afecciones vinculadas al sistema óseo y ciertos trastornos inmunológicos.
La deficiencia de este nutriente se relaciona con la aparición de raquitismo, osteomalacia y osteoporosis, además de una mayor susceptibilidad a infecciones y enfermedades autoinmunes.

Principales enfermedades asociadas a la deficiencia
Especialistas y reportes difundidos por instituciones como Mayo Clinic y la agencia Reuters coinciden en que la vitamina D es determinante para el metabolismo del calcio y el fortalecimiento del sistema inmunológico.
Entre los padecimientos cuya prevención cuenta con respaldo científico destacan:
- Raquitismo: trastorno del desarrollo óseo en niños provocado por la falta de vitamina D, que genera debilidad y deformidades en los huesos.
- Osteomalacia: reblandecimiento de los huesos en adultos debido a una mineralización insuficiente.
- Osteoporosis: enfermedad caracterizada por la disminución de la densidad ósea y mayor riesgo de fracturas; la vitamina D es clave para la absorción adecuada de calcio.
Otros posibles beneficios en estudio
Además del impacto comprobado en la salud ósea, diversas investigaciones sugieren que niveles adecuados de vitamina D podrían contribuir a reducir el riesgo de:
- Enfermedades autoinmunes, como esclerosis múltiple, artritis reumatoide y diabetes tipo 1.
- Infecciones respiratorias, incluyendo gripe y resfriados.
- Enfermedades cardiovasculares, al favorecer el control de la presión arterial y la salud del sistema circulatorio.
- Algunos tipos de cáncer, como el colorrectal, aunque en este ámbito los estudios continúan en desarrollo.
La evidencia más sólida se concentra en la prevención de enfermedades óseas, mientras que su papel en otros padecimientos permanece bajo análisis científico.
Cómo obtener vitamina D de forma adecuada
Para prevenir deficiencias, existen tres fuentes principales.
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Exposición solar: considerada la vía más eficiente. Entre 10 y 30 minutos varias veces por semana suelen ser suficientes, dependiendo del tipo de piel, la estación del año y la ubicación geográfica. Se recomienda exponer rostro, brazos y piernas durante ese tiempo, evitando las horas de mayor radiación.
Alimentación: pescados grasos como salmón, sardina, atún y caballa; hígado de res; yema de huevo; además de leche, jugos y cereales fortificados. También se encuentra en quesos y mantequilla, aunque en menor proporción. La vitamina D3, de origen animal, presenta mejor absorción que la D2 de origen vegetal.
Suplementos: en casos de riesgo de deficiencia, limitada exposición solar o dietas restrictivas, pueden indicarse suplementos bajo supervisión médica, ya que la dosis varía según la edad y el estado de salud. Tanto la carencia como el exceso pueden ocasionar complicaciones.


