WASHINGTON – El Pentágono está reforzando su presencia militar en Oriente Medio en un momento especialmente delicado. Mientras Washington y Teherán mantienen conversaciones diplomáticas para evitar una nueva escalada, el envío de más armamento y efectivos estadounidenses a la región deja claro que la Casa Blanca no descarta el uso de la fuerza si las negociaciones fracasan.
La agencia Al Jazeera reportó que la tensión aumentó después de que Irán y Rusia anunciaran ejercicios navales conjuntos en el mar de Omán, una maniobra que, según Teherán y Moscú, busca disuadir cualquier “acción unilateral” en la zona. En respuesta, Estados Unidos endureció el tono y volvió a poner sobre la mesa la posibilidad de ataques si no hay avances concretos en el diálogo nuclear.
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, fue directa: “Irán haría muy bien en llegar a un acuerdo” con el presidente Donald Trump, afirmó el miércoles, tras una segunda ronda de conversaciones indirectas celebradas en Ginebra. Aunque reconoció que el martes hubo “algunos avances”, admitió que ambas partes siguen “muy distanciadas en algunos temas clave”.
'Trump always thinks about what's in the best interests of the United States of America, of our military, of the American people,' says White House Press Secretary, Karoline Leavitt. She adds that U.S.-Iran Geneva talks show slight progress but key gaps remain.#Trump #IranTalks… pic.twitter.com/sttyWNKa8S
— CNBC-TV18 (@CNBCTV18News) February 19, 2026
En paralelo, Trump ha elevado la presión pública. Estados Unidos ya ha desplegado dos portaaviones y miles de tropas adicionales en el Golfo, una señal inequívoca de respaldo militar a su postura negociadora. En su red social Truth Social, el presidente advirtió que, si Irán decide no pactar, Washington podría recurrir a la base aérea en el océano Índico, en el archipiélago de Chagos, para “erradicar la amenaza” de lo que calificó como un régimen “altamente inestable y peligroso”.
El antecedente más reciente pesa sobre cualquier intento de diálogo. Un esfuerzo negociador previo se vino abajo el año pasado, cuando Israel lanzó ataques contra territorio iraní, lo que derivó en una guerra de 12 días. Estados Unidos terminó involucrándose directamente con bombardeos sobre tres instalaciones nucleares estratégicas: Fordow, Natanz e Isfahán.
Desde entonces, el pulso no ha hecho más que intensificarse. En enero, Trump ya había amenazado con nuevas acciones militares tras la represión iraní de protestas internas. Teherán respondió advirtiendo que podría cerrar el estrecho de Ormuz, zona clave para el transporte mundial de petróleo, y atacar bases estadounidenses en la región.
Ese intercambio elevó el temor a un conflicto regional de mayor alcance y obligó a actores como Omán, Qatar y Arabia Saudita a reforzar gestiones diplomáticas para contener la escalada. Por ahora, la región vive en una frágil pausa: las conversaciones siguen abiertas, pero los buques de guerra y los bombarderos también están listos.


