Por: Candelaria González
Hubo un tiempo en que doña Lucrecia y don José Antonio fueron felices. Formaron un hogar, trabajaron duro y trajeron tres hijas a este mundo.
Hoy, la vida les ha puesto una de las pruebas más duras: ambos están postrados y no pueden valerse por sí mismos. No caminan y necesitan con urgencia un par de sillas de ruedas para tener una vida más digna.

Sin luz, sin hogar y sin movilidad
La pareja vivía en una humilde vivienda del Ejido Francisco Villa, pero hace un mes un cortocircuito los dejó sin energía eléctrica, obligándolos a abandonar su casa.
Fue su hija menor, Brenda, quien los recibió en su hogar, aun sabiendo que el camino sería difícil.
Don Toño, de 76 años, fue operado de la columna hace más de 30 años. La cirugía no resultó como esperaba y desde entonces no volvió a caminar. Antes de enfermar, su vida era el campo y el trabajo diario.

Actualmente apenas puede sostenerse con un viejo bastón improvisado, con una pelota incrustada en la punta.
Por su parte, doña Lucrecia, de 58 años, padece una enfermedad cerebelosa, que le impide recibir las señales necesarias para caminar e incluso para alimentarse. Desde hace 15 años no ha podido dar un solo paso. Permanece sentada en una silla vieja, sin ruedas funcionales, que no le permite desplazarse ni un poco.
El dolor que se vive en silencio
Entrevistados en el patio de la casa de Brenda, el dolor fue imposible de ocultar. Las lágrimas corrieron por el rostro de todos, reflejo de una realidad que pesa cada día más.

“Desde hace un mes atiendo sola a mis papás. Usan pañal, batallan para todo… a veces hasta para bañarlos y darles de comer”, compartió Brenda, al borde del llanto.
“Somos tres hijas, pero mis hermanas no me ayudan como debería de ser”.
Una súplica por dignidad
Brenda es ama de casa y también enfrenta problemas en la columna. Incluso tuvo que posponer una operación para poder cuidar a sus padres. La carga física y emocional ha sido enorme para ella, su esposo y sus hijos.
Asegura que sus hermanas no quieren llevarlos a un centro de atención porque consideran que es costoso, pero tampoco brindan apoyo en casa. Hoy, don Toño duerme en un sillón y doña Lucrecia en una cama; ya no pueden estar juntos como antes.

Con el paso de los días, la enfermedad los debilita más. Pierden fuerza, ánimo e incluso las ganas de hablar. Aun así, se toman de la mano y lloran juntos, no solo por el dolor físico, sino por la tristeza de sentirse olvidados.
Esta es la historia de dos personas que lo dieron todo por su familia… y que hoy solo piden ayuda para vivir con un poco de dignidad.
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Si usted amable seguidor, desea apoyar a esta pareja favor de comunicarse con Brenda al 6449 971821.


