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lunes, febrero 9, 2026

La ‘Conciencia Cívica’ en We the people…

Sara Thomson
Licenciatura en Periodismo. Maestría en Administración Pública. Doctorante de Administración Pública en el ISAP.

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La Constitución de los Estados Unidos arranca con tres palabras que son un relámpago de genio político y una carga monumental de esperanza: “We the People, of the United States of America” (Nosotros, la gente de los Estados Unidos de América…). No dice “Nosotros, los Estados” o “Nosotros, los poderes”, ni “Nosotros, los gobernantes”. Es una declaración radical de soberanía popular, el acta de nacimiento de una idea magistral: que el poder supremo no reside en un monarca lejano, sino en la voluntad colectiva y cotidiana de la gente común.

Fue una gloriosa idea. Un faro que iluminó al mundo y dio marco a sueños de libertad y autogobierno. Pero, como todo faro, su luz proyecta dos zonas: la que ilumina y la que, inevitablemente, deja en sombra, como la letra de una promesa incumplida que se usa para firmar cheques en blanco.

El presidente Trump, al declarar “We are no longer the good guys”, puso la mano en un corazón abierto de manera brutal, movido por un síntoma, no por una causa. La crisis no es que hayamos dejado de ser “los buenos”. La crisis es que el “We” (Nosotros) se ha fracturado. La licencia para actuar con impunidad —ya sea en Venezuela, en la frontera o en las calles de Minnesota— nace cuando quienes ostentan el poder se desvinculan por completo de ese “Pueblo” al que deben rendir cuentas. Actúan en un vacío de responsabilidad, secuestrando el “We” para justificar sus actos, mientras excluyen a eso que llaman “People” de toda consecuencia.

Sin embargo, en medio de esta fractura, brota la esperanza más contundente y silenciosa. Mientras las acciones y declaraciones del actual presidente de los Estados Unidos y su corriente representan un sacrilegio a la doctrina implícita en el “We the People”, existe una verdad más poderosa y esperanzadora que emerge desde el suelo mismo de una tragedia: las heridas mortales de dos estadounidenses blancos, americanos de nacimiento, Renee Good y Alex Pretti, que pierden la vida por defender los derechos humanos de tantos hermanos hispanos.

Es la antorcha levantada ante el intento de redefinir el “We” (Nosotros) como un clan excluyente. Es la prueba viviente —y ahora latente— de que la conciencia de un gran pueblo trasciende la raza, el origen y un pasaporte.

No puede el mundo escuchar palabras más tristes que la declaración de un gobierno que anuncia que la historia del pueblo líder noble ha llegado a su fin. Pero es también un llamado a los habitantes del resto del mundo, y sobre todo a los países de Latinoamérica. Llamar a la conciencia es llamar al despertar, pero, sobre todo, permitirnos sentir antes de tomar decisiones.

Nuestra Conciencia Cívica debe dirigir nuestras acciones hacia el equilibrio. Nosotros, los constructores de este nuevo mundo, somos los únicos responsables de nuestro destino. Nuestras participaciones electorales no deben ser ya un mecanismo de castigo ni una reacción irreflexiva de descontento. Nadie sufrirá más que nosotros mismos. Los gobiernos absolutistas deben ser diluidos por las acciones del pueblo, que validen instituciones que respeten los frenos y contrapesos, y lideradas por gobernantes que entiendan que su poder es un préstamo del pueblo, no una licencia para la impunidad y mucho menos para matar. En cada proceso electoral, debemos rechazar los regalos absolutistas a partidos políticos, la promesa de mano dura que, envueltas en la bandera, solo sirven para despertar lo más oscuro y tribal del ser humano.

La conciencia cívica se vuelve real cuando pasa de la indignación a la acción pensada. Honrar las acciones heroicas es convertir nuestro dolor y nuestra esperanza en una fuerza política consciente, que reclame el equilibrio de poderes, defienda la dignidad de todos y asegure que su sacrificio no sea en vano, sino la semilla de un “We the People” renovado, inclusivo y, de nuevo, fiel a su promesa y fiel a su juramento. Comienza febrero: escribamos una mejor historia de lo “que sigue” este año.

Aviso

La opinión del autor(a) en esta columna no representa la postura, ideología, pensamiento ni valores de Proyecto Puente. Nuestros colaboradores son libres de escribir lo que deseen y está abierto el derecho de réplica a cualquier aclaración.

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