Hermosillo, Sonora.- “Mi popularidad crecía, pero yo estaba completamente hundido”: Así describió Irineo Álvarez uno de los momentos más complejos de su vida, al recordar las consecuencias que enfrentó tras participar en producciones relacionadas con el narcotráfico, particularmente El Chapo.
Durante el programa de Amiga Date Cuenta, el actor compartió experiencias que nunca antes había contado públicamente.
Álvarez reveló que, tras el estreno de estas series, vivió vigilancia, amenazas y el temor constante por su seguridad, lo que lo obligó a salir de la ciudad y resguardarse. Paradójicamente, ese fue el momento en el que su carrera alcanzó mayor visibilidad.

Aunque la fama le abrió puertas importantes —incluida una nueva etapa laboral y el respaldo de grandes plataformas—, emocionalmente atravesaba uno de sus puntos más bajos.
Uno de los momentos más significativos de la conversación fue cuando habló de la relación con su padre, una historia marcada por el conflicto, la distancia y, finalmente, la reconciliación.
Irineo relató que durante años no contó con su apoyo, ni emocional ni económico, debido a su decisión de dedicarse a la actuación.
Sin embargo, todo cambió cuando su padre asistió a una función de Huevos Rancheros y pudo verse reflejado en uno de sus personajes.
A partir de ese momento, la relación se transformó en un vínculo profundo y sanador, que el actor describió como uno de los logros más importantes de su vida.
Durante la entrevista, Irineo también reflexiona sobre su trayectoria y las diferencias entre cine, teatro y televisión. Explicó que en el cine muchas veces el actor no tiene control sobre el resultado final de su trabajo, mientras que el teatro le ofrece una conexión directa y honesta con el público.
Comparó la actuación con la política: “tenemos que hacerte creer lo que decimos y lo que hacemos”, una convicción que, asegura, define qué puertas se abren y cuáles se cierran en esta carrera.

Otro de los temas centrales fue el encasillamiento. Tras años interpretando personajes cómicos y norteños, confesó que llegó a dudar de su talento cuando el público se reía incluso en escenas dramáticas.
“Si no logro que entren en mi realidad, siento que no soy buen actor”, compartió.
Su lucha por salir de esos moldes lo llevó incluso a mudarse a Ciudad de México con la intención de no ser siempre “el norteño”, aunque terminó entendiendo que su identidad no era una limitante, sino una fortaleza.
El actor habló también con orgullo de su origen en Guadalupe de Ures, Sonora, recordando cómo desde niño, mientras otros jugaban, él imaginaba historias y mundos distintos.
Hoy reconoce que ese niño sigue vivo en cada personaje que interpreta. Incluso compartió cómo su acento fue motivo de preocupación en proyectos como Pedro Páramo, donde trabajó con un coach, una experiencia que reforzó su reflexión sobre identidad, pertenencia y autenticidad.
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La entrevista cerró con una dinámica ligera y graciosa, mostrando el lado cercano y humano de Irineo Álvarez, quien dejó claro que su camino ha estado marcado por decisiones difíciles, errores y aprendizajes, pero también por la certeza de que reconciliarse con su historia personal ha sido tan importante como cualquier logro profesional.


