Un equipo de científicos de la Universidad de Harvard identificó una actividad sencilla, de bajo impacto y accesible que puede contribuir a reducir el riesgo de desarrollar Alzheimer y otras formas de demencia. El hallazgo se basa en una práctica cotidiana que no requiere equipamiento ni rutinas exigentes: caminar de forma regular.
La investigación refuerza la evidencia científica sobre los beneficios del movimiento consciente y sostiene que pequeños hábitos mantenidos en el tiempo pueden generar efectos relevantes en la salud cerebral, en especial conforme avanza la edad.
Caminar y su impacto en el cerebro
De acuerdo con el estudio realizado por investigadores de Harvard, las personas que realizaron caminatas rápidas durante un periodo mínimo de seis meses registraron mejoras significativas en zonas del cerebro asociadas con la memoria, el aprendizaje y el pensamiento.
Los resultados mostraron un aumento en el volumen cerebral de regiones clave, un dato relevante considerando que el Alzheimer se caracteriza por la pérdida progresiva de tejido cerebral.
El doctor Scott McGinnis, profesor de Neurología en la Facultad de Medicina de Harvard, explicó que el ejercicio aeróbico moderado tiene efectos directos tanto en la estructura como en el funcionamiento del cerebro.
Beneficios observados en la salud cognitiva
Entre los principales efectos positivos detectados por los investigadores se encuentran:
- Aumento del tamaño de áreas cerebrales vinculadas con la memoria
- Estimulación en la formación de nuevos vasos sanguíneos
- Protección y mayor supervivencia de las neuronas
- Disminución del estrés y la ansiedad
- Mejoras en la calidad del sueño y el descanso
Los hallazgos, publicados por Neurology Live, respaldan la idea de que no es necesario someterse a entrenamientos intensos para cuidar la salud mental y preservar las funciones cognitivas.
La demencia representa una de las principales causas de discapacidad y dependencia en adultos mayores a nivel mundial. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 55 millones de personas viven actualmente con algún tipo de demencia, una cifra que continúa en aumento.
Si bien el Alzheimer se asocia con la acumulación de proteínas beta-amiloide y tau en el cerebro, los procesos que detonan la enfermedad aún no están completamente definidos, lo que posiciona a la prevención como un factor clave en la lucha contra el deterioro cognitivo.


